1. Leo “2666" por segunda vez. Me impresiona sólo en la medida en que Bolaño se burla de la sacralidad literaria de su generación. Ese humor corrosivo, que también aplica a los mexicanos y a la cultura mexicana, sólo puede venir de un convencimiento: la vida es pura mierda.
2. Bolaño ahora será leído por los gringos tanto como éstos leen a García Márquez. Es así porque ambos autores, por vías diferentes, presentan una imagen de Latinoamérica que sintoniza con la imagen que tienen los gringos del continente. Heberto Padilla tenía razón: hasta en lo literario nos dejamos meter el dedo en el culo.
3. A propósito de Heberto. Poco antes de morir fui a ver al poeta cubano leyendo sus poemas en Princeton. Con él estaba un poeta del Congo y una poeta de Vietnam. El poeta del Congo habló de lanzas, de tribus, de colonialismo, del rechazo a las lenguas “de la civilización” (joder); la poeta de Vietnam habló sobre el cultivo del arroz, los atropellos contra la mujer, las flores que nacen en los pantanos. Recibieron sendas ovaciones y casi diría que el anfiteatro se vino abajo. Cuando Heberto comenzó a recitar, yo veía las caras de estudiantes bostezando en supino aburrimiento. Claro, Heberto leyó un largo poema invitando a Sócrates a debatir sobre los valores del pensamiento crítico, la estética, la belleza, el alma de los poetas, la música de las palabras. Nadie lo aplaudió porque aquellos estudiantes, al oír que se trataba de un poeta cubano, querían oír poemas sobre la revolución, Fidel, el tabaco, las mulatas y los logros del hombre nuevo. Hasta en la academia pasamos por indios con taparrabos.

4. Tengo la sospecha que muy pocos leen a Bolaño por el valor intrínseco de su obra. Y de esa lectura, sobra decirlo, se ausenta toda crítica, pues muchos, incluyendo a los llamados autores del Crack, han aprovechado al chileno como un caballo de batalla para venderle (otra vez) a los gringos la imagen de que se puede hacer mejor literatura al sur del Río Bravo. Da verdadero asco leer esas impresiones, puesto que parecen partes de prensa escritos por los directores que venden la carne de las Miss Colombia o Miss Venezuela. Mierda, como para pedir la ciudadanía de Mongolia.
5. Lo mejor de “2666" es el humor. Hay un chiste sobre mexicano que no consigo olvidar. Desde Benito Juárez para acá, los presidentes mexicanos han crecido en estatura. La razón: las élites envían a sus hijos a Harvard y allí, al casarse con gringas, procrean hijos más altos. El chileno era un soberano hijo de puta.
6. Sí, Bolaño pasa a ser imprescindible. Pero más imprescindibles son Borges, Lezama Lima, Carpentier, Mallea, Octavio y Fuentes. Y sobre estos: Mujica Lainez y Vargas Llosa. Y eso se debe a una simple razón: en ambos coinciden, sin accidentarse, el crítico y el creador. Ambos enseñan que las ideas pertenecen a todos los hombres capaces de levantarse por encima de las pequeñeces y que hay cagarse en los nacionalismos si se quiere pensar bien. Lo demás es espectáculo.
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