Tengo derecho a no contestar

Hace escasas horas ha salido a la luz la noticia de que la compañía más conocida de mensajería instantánea del momento, Whatsapp, ha dado un paso más en su desarrollo tecnológico incorporando el “doble check azul” en las conversaciones de sus usuarios.

Los rumores así quedan confirmados: sabremos si nuestros mensajes han sido enviados, recibidos y… ¡LEIDOS!

A partir de este momento se empezarán a propagar a la velocidad de la luz opiniones tanto a favor como en contra del asunto en cuestión. Si ya hubo polémica en los inicios de la aplicación acerca del verdadero significado del “doble check”, espérense a ver lo que se nos viene encima en nuestras relaciones personales.

Que no les confundan mis palabras, estoy 100% a favor de cualquier progreso e innovación en esta aplicación que tantísimos millones han ahorrado a los usuarios en SMS. De hecho, creo que todos aquellos detractores de la novedad deberían plantearse lo siguiente.

Actualmente vivimos en un mundo conectado en el que factores como la inmediatez se han vuelto imprescindibles en nuestras vidas y, queramos o no, han moldeado nuestro carácter; lo queremos todo y lo queremos ya.

El problema surge cuando esperamos la misma respuesta de las personas que la que obtenemos de las máquinas, y quien espera algo que es imposible, no obtiene más que decepción.

Es entonces cuando me vienen a la cabeza preguntas tipo “¿Por qué tengo que estar 24 horas conectada y disponible para todo el mundo?” “¿Por qué cada vez me resulta más difícil encontrar momentos en los que disfrutar de la vida sin necesidad de estar conectada a nada?” y lo peor de todo, ¿Por qué me tengo que poner nerviosa e incluso me siento mal si no respondo a llamadas, mensajes, mails, chats, conversaciones…?

Recordando un vídeo que vi hace ya algún tiempo por YouTube, en el que una relación de pareja llegaba a su fin por la mal interpretación de sus mensajes, ya he obtenido mis propias respuestas.

Si no contesto a algo no es que te quiera menos, no es que no me preocupe por ti, no es que pase, ni me ha tenido porqué parecer mal algo que me hayas dicho, tampoco es que no me haya hecho gracia, no quiera verte o cualquier otro motivo retorcido. ¿Adivinas por qué no contesto entonces?

No puedo o no quiero. Es así de sencillo, no hay más, y estoy en mi pleno derecho a que sea cualquiera de las dos opciones. Por ello, el que introduzcan novedades para que las personas con las que chateo sepan si he recibido el mensaje, lo he leído, o incluso si he estado a punto de contestar, me van a parecer siempre avances y no obstáculos en las relaciones personales.