La clase política y otras realidades construidas

El lenguaje define nuestra realidad y así la construimos.


Vivimos una realidad construida. Como sociedad hemos decidido unos parámetros sobre los cuales vivir nuestras vidas. Estos parámetros son definidos a través del lenguaje que utilizamos para definirlos. Por ende, nuestra realidad está definida por nuestro lenguaje. No todos los lenguajes del mundo definen las cosas de la misma forma por lo que otras culturas viven una realidad diferente a la nuestra hasta cuando hay igualdad de condiciones.

El lenguaje como elemento constructor de realidad, nunca ha estado más claro que en España. Si tomamos eventos recientes, es muy interesante ver cómo el lenguaje afecta el entendimiento de las cosas a nivel socio-cultural. Tomemos, por ejemplo, la palabra huelga. En inglés, el equivalente de la palabra huelga es “strike”, que en castellano significa golpe, como pegar un golpe o dar un golpe de estado. Sin embargo, la palabra huelga tiene su origen y significado en hacer el vago. ¡El vago! Esto dicta nuestra realidad y entendimiento de lo que es una huelga y sus circunstancias y consecuencias.

Así definimos nuestra realidad.

Inclusive el utilizar castellano para referirnos al idioma conocido como “español” a nivel mundial, define una realidad y construye un paradigma social. En vez de ser el idioma del país España, es el idioma de Castilla, y no pertenece a las otras comunidades autónomas. Este pequeño detalle ha definido el pensamiento social, llevando a que construyamos la España moderna de otra forma. Algo tan simple como una palabra ha cambiado el colectivo español y lo ha definido como un conjunto de partes independientes e incongruentes, ya que el castellano, siendo el idioma de Castilla, no pertenece a Galicia, Cataluña, Baleares, Valencia, País Vasco, etc. Inclusive el llamar al País Vasco “país” también define una realidad: de que es otra cosa, otro país, diferente, separado, independiente, que no tiene nada que ver con el país español. Así existen muchas realidades definidas de manera lingüística en España.

Algo tan simple como una palabra ha cambiado el colectivo Español y lo ha definido como un conjunto de partes independientes e incongruentes

El paro es una de mis favoritas ya que convierte el sentimiento fracasado de cobrar una ayuda por desempleo en algo normal y hasta “guay”. En algunos círculos llega a ser como un derecho a cobro, como unas merecidas vacaciones, que pierdes si no dejas de trabajar. El paro, de parado, de descansando por un momento, es como un premio que te has ganado. Lo que en teoría es una ayuda para sobrevivir la pérdida de empleo durante el tiempo en el que se busca otro, una ayuda que debería causar un sentimiento de absoluta urgencia, de búsqueda activa (y en cierto sentido desesperada) de trabajo, de incapacidad temporal y empuje a superarse, se ha transformado en dinero gratis para unas vacaciones extendidas. Esto, claro, no aplica a todas las personas ni comunidades de la misma forma, pero en la psiquis colectiva española no es algo duro cobrar el paro, al menos no hasta que se acerque el momento donde se acabe. El vivir o estar en “el paro” es más suave que decir “cobrando desempleo” o soy un “desempleado”.

El lenguaje ha cambiado nuestra realidad

En comunidades como Baleares, cuya economía se basa en el turismo veraniego, el paro se convierte en el cobro del descanso invernal, y así, lo natural. Curro durante ocho o nueve meses, y a cobrar el paro. Nadie parpadearía dos veces. En teoría ni tan siquiera están desempleados, pero se cobra el paro o ayuda según el año, dinero que procede de las arcas del estado, o mejor dicho, del pueblo general. Para qué buscar empleo de invierno, si para esto existe ese cobro mágico del universo que sale de ningún lugar y aparece por arte y gracia del espíritu santo: “El Paro”. Aprovechando esta definición de la realidad, muchas empresas abusan de los empleados con condiciones infrahumanas durante esos meses de “verano”, haciendo aceptable lo inaceptable.

Tal vez si empezáramos por llamar al paro por lo que realmente representa, lo veríamos de otra forma. Tal vez entonces, la clase política se preocuparía más sobre las personas desempleadas y no por el número abstracto de la taza del paro, sobre personas reales en necesidad de empleo, sobre ofrecer oportunidades al pueblo a superarse y no ofrecer más formas de esclavitud social, en fin, la caña y no el pez.


Imagen de la inglaterra fuedal, c. 1310

La clase política es otro término que he escuchado mucho últimamente, y como el lenguaje construye nuestra realidad, podríamos decir que se refiere a otra clase social, superior, gobernantes, poderosos, adinerados. Hablar de una clase política como si fuera una clase social en vez de un trabajo remonta a la era de la nobleza, con todo lo que eso implica, algo no sorprendente considerando que España mantiene una corona activa, pero esta “nobleza” la pagamos nosotros y, ¿los definimos superiores? Definitivamente parece ser que debemos rogarle a nuestros “señores”, “nobles” de la clase política, nuestros feudos, para que actúen con piedad sobre los plebeyos, para que nuestras oraciones y humildes ofrendas sean escuchadas, reconocidas y no desperdiciadas. ¿Clase política?

¿Hablamos de una clase ingeniera, camarera, camionera? Va a ser que no. Por ende, a los políticos los debemos redefinir como lo que son: empleados del pueblo, o mejor dicho, nuestros empleados, los cuales han sido contratados para ejercer una labor por un tiempo definido. Esto significa que debemos tratarlos como empleados y exigir unos resultados. Somos los dueños de esta corporación llamada España. Si los políticos, en teoría servidores públicos, no sirven al público, pues, a la puta calle. Aunque igual hay algunos que estarán de acuerdo con llamarles a la clase política, clase de chorizos, oportunistas, y cabrones. Nosotros definimos nuestra realidad, por lo que igual pienso que necesitamos replantearnos el título y llamarles desempleados.

Así construimos nuestra vida, por lo que debemos ser cautelosos al definir nuestra realidad. El lenguaje afecta todo. ¿Qué realidad? ¿qué mundo, qué vida quieres para ti hoy? ¿mañana? Por favor, defínela bien, que todos participamos de la misma. ☺

En fin, solo pienso en “voz” alta, igual me equivoco…

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La imagen titular se llama Políticos (copyright©2015 por Franco Esteve. Derechos reservados.). Si te interesa adquirir una copia impresa en cuadro, canvas o póster, está a la venta en el servicio de arte Imagekind aquí:
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