Tras el telón
Como el diseño UX puede cambiar tu percepción de las cosas.
Me llamo Airam Reyes, tengo treinta años y soy diseñador gráfico. Aunque a término más reciente, he empezado a añadir la coletilla “diseñador UX/UI” a mi perfil profesional. En los últimos meses me he visto más de una vez en la ardua tarea de explicar de manera concisa el concepto User Experience Design (o Diseño de eXperiencia de Usuario, para los no duchos en anglicismos). Y es precisamente esto lo que me ha llevado a crear este artículo: sentir el alivio de que tú, mi desconocido pero querido lector, mis amigos, o incluso mi abuela, sean capaces de comprender a qué me dedico y por qué me siento afortunado tras haber descubierto este concepto y decidí adoptarlo como máxima para mi vida.
Tu Pepito Grillo interior
En este artículo usaré terminología algo técnica y además en inglés, pero seré lo más clarificador posible. Un nombre no es más que un convencionalismo que designamos las personas: el valor está en la idea, no en la etiqueta. Por ello me gustaría que esto que lees te pueda resultar informativo y educativo e incluso si la palabra logotipo te suena igual de cercana que… Tailandia.
Mi experiencia profesional y en los estudios ha pivotado desde la informática con apenas 18 años, al diseño gráfico y al Branding (diseño y concepción de marcas /productos) pasando por trabajar en agencias con grandes campañas publicitarias con presupuestos vertiginosamente grandes detrás. Y sin embargo, nunca me había sentido tan realizado. Realizado ahora que la incesante vocecita interior que me repetía “pero… ¿y por qué?” a todo lo que hacía profesionalmente, se ha encontrado finalmente con una respuesta que la ha hecho callar: el Diseño UX. En principio.

De aquellas aguas… estos logos.
A todos nos gustan ciertas cosas, pero muchas veces no sabemos describir por qué. Una sensación, algo que sentimos y que rodea a un producto o servicio a nuestro alcance y que nos hace sentir bien mientras lo hacemos. Desde una película, ir al hospital, o el yogur que comes cada día como postre.
Y es que absolutamente todo lo que tenemos a nuestro alrededor tiene una imagen que percibimos queramos o no: un nombre, colores, estilo… Una forma inconsciente en la que ese producto se comunica con nosotros, que hace que acabemos incluyéndolo en ciertas cosas en nuestras vidas como un habitual y que pasemos a echarlo en falta cuando no está. O por contrario, que nos cause rechazo y lo descartemos.
Todo esto no sucede porque sí (o no debería), sino por obra y arte del diseño gráfico. O eso pensaba hasta hace poco. Desde que empecé en la profesión del diseño gráfico, me han enseñado conceptos como la psicología del color, a transmitir sensaciones a través de la disposición de elementos en una composición visual, e incluso a entender el valor de la tipografía. Porque querido amigo lector, te recuerdo que las letras también son imagen, y por tanto, su forma también es capaz de transmitir sensaciones.
El problema es que a los diseñadores gráficos no se nos enseña a vivir en el mundo real™. Tendemos a idealizar todo en un mundo donde esos conocimientos que hemos adquirido sobre buenas prácticas, lo correcto, lo más elegante y lo idóneo, muchas veces no casan con la realidad y se pierden en lo meramente estético. Se pierden en esas sensaciones. Y es en esta burbuja visual en la que, muy a mi pesar, he vivido más tiempo del que me gustaría. Y sé que muchos otros lo sentirán así también.
El diseño como sujeto, no como adjetivo. ¿cambiar título?
Todos hemos visto en algún momento un mueble de aspecto ostentoso, caro, casi inhumano y hemos oído el clásico “es un mueble de diseño”. ¿Qué significa la palabra Diseño entonces? ¿Es una tendencia estética, un estilo?
En los 60s y 70s se popularizó esta idea gracias al Pop-Art y las tendencias en interiorismo y ropa: en el imaginario popular las cosas de “diseño” se asocian con lo estético e intenciones más decorativas y artísticas que con lo funcional. Y este es un error común, ya que estamos menospreciando el valor de esta palabra. Si nos atentemos a su definición, encontraríamos algo como esto:

El diseño se define como el proceso previo de configuración mental en la búsqueda de una solución en cualquier campo. Se aplica habitualmente en el contexto de la industria, ingeniería, arquitectura, comunicación y otras disciplinas que requieren creatividad. El diseño involucra dimensiones que van más allá del aspecto, la forma y el color, abarcando también la función de un objeto y su interacción con el usuario. Durante el proceso se debe tener en cuenta además la funcionalidad, la operatividad, la eficiencia y la vida útil del objeto del diseño.
¿No destacan rápidamente palabras que rompen con la idea de que el diseño es una expresión estética? “Funcionalidad”, “proceso”, “solución”, “usuario”…
Antes de correr hay que aprender a caminar.
Durante mucho tiempo trabajando como diseñador gráfico, veía a algunos compañeros o colegas aceptar encargos a ciegas. Un cliente le pedía una página web, y con poco material (como el logotipo o los colores de la marca) empezaban a trabajar rápidamente. A mi me chocaba y no conseguía comprenderlo. ¿Cómo puedo ponerme a trabajar en algo así sin conocer de verdad para quién trabajo? ¿Cómo puedo hacer un buen trabajo si no conozco su historia, a los trabajadores de la empresa, el producto, o al consumidor que lo va a usar finalmente? Es algo que siempre había pensado, pero que nadie me había dicho. Lo aprendí por experiencia propia y lo incluí en mi forma de trabajar.

Empecé a no aceptar encargos sin haber tenido previamente contacto real con el cliente. Y no me refiero a una breve entrevista, sino a ir más allá. Conocer la marca, quién está detrás de ella, su historia, sus valores, su producto (o servicio), quién lo usa, para qué lo usa… resumiendo: investigar a fondo antes de empezar a andar.
¿Qué tiene de diferente entonces el mundo del UX?
Así fue como de manera innata, entendí que lo que me movía a trabajar diseñando era mejorar algo. Cumplir con un objetivo o necesidad de la mejor forma posible, lo cual incluía entre otros, trabajar en la estética de las cosas.
Pero mi contacto directo con el concepto UX no fue hasta hace 6 meses, cuando empecé a leer e informarme acerca de qué significan estas siglas y lo que se escondía tras ellas y me decidí a formarme en ello. En inglés existen los conceptos User Centered Design o Design Thinking, pare referirse a metodologías de diseño que se centran en las personas, en los usuarios. Concebir el proceso como una forma de llegar a la solución de forma segura, basándonos en investigación previa, con datos y cifras que lo respalden. Y comprobando en cada momento como el usuario No de manera aleatoria o porque alguien lo decidió por conveniencia propia.
Y para entender mejor hasta qué punto vivimos rodeados de cosas que están poco o nada pensadas para nosotros, recurriré a un ejemplo habitual en este campo. Las llamadas Puertas Norman. Se llama así a las puertas mal diseñadas que, como usuarios, nos hacen confundirnos.
Imagina llegar a la puerta de un establecimiento. Tienen una gran puerta doble de cristal transparente con dos grandes barras verticales incrustadas en cada hoja de la puerta, que sobresaleny que vemos que están tanto por el lado de dentro como por el de afuera. ¿Cuál sería tu acto reflejo para poder entrar?
Tómate un segundo y piénsalo de verdad antes de ir a la siguiente línea.

Lo esperable sería que tiremos de ella para que se abra, ¿no? Pues en muchas ocasiones, no es así. Llegamos rápidamente y si al tratar de tirar vemos que la puerta sólo se abre hacia adentro, en nuestro cerebro se produce una mini explosión que choca con lo que esperábamos encontrar, y nos obliga rápidamente a reaccionar probando a empujar o abrirla de otra manera. Esto se debe a que la puerta está mal diseñada. Si la puerta tiene esa barra en vertical por su lado exterior (recordemos que nuestras manos, por definición anatómica, al levantarlas hacia adelante estarán en una posición que sirve para agarrar algo), de alguna manera nos está indicando que podemos tirar de ella, aunque en este caso se trata de una pista errónea. A este tipo de indicadores acerca del comportamiento de algo se los llama affordance, por cierto.
Y ahí es donde volvemos al punto inicial de nuestro previo ejemplo de los muebles de diseño. ¿Su estética y su forma siguen realmente una función? ¿Están pensados para nuestra comodidad, para ser ergonómicos y que se adapten a nosotros, o en muchos casos se quedan sólo en la apariencia y no han realizado suficiente investigación para cubrir todas las áreas, necesidades y problemas posibles?

Propósitos y principios: el diseño es un acto de mejora.
Como hemos dicho, debemos descartar esa idea de que “de diseño” es la coletilla para decir que algo es bonito y visualmente atractivo. Como lector (si has conseguido llegar hasta aquí) te encomiendo la tarea de ayudarme a ello. A partir de ahora, cuando hables con alguien trata de de sustituir el “esto es de diseño” por dos conceptos diferenciados: “es bonito”, y “está bien diseñado” si realmente cumple con su función de manera adecuada.
Y para concluir y cerrar el artículo hablando de lo que consideramos buen diseño… ¿sabías que también existen unos principios y máximas para el diseño? Hasta ahora, los más conocidos son los establecidos por el diseñador Dieter Rams. Es famoso por su trayectoria con la marca Braum en los años 50 y 60. Éstas son algunas de esas máximas que dejó, definiendo los aspectos principales de lo que deberíamos lograr con al diseñar.
El diseño debe ser…
— innovador: aportar nuevos enfoques para llegar a una solución.
— útil: sin un propósito, tan sólo estamos cambiando su apariencia.
— estético: además de su función, debe ser agradable a la vista para que queramos usarlo.
— fácil de entender: por muy bien que cumpla su función, si es complicado aprender a usarlo, ya no querremos usarlo.
— honesto: a nadie le gusta que le vendan motos. No debemos engrandecer las cosas más allá de lo que son ni hacer promesas vacías con un diseño.
— duradero: si todo lo dicho previamente dura poco porque el producto no está pensado para resistir el paso del tiempo, ¿qué sentido tiene entonces?
— y por último, responsable: vivimos en un planeta, y debemos ser conscientes de que toda acción deja huella. Si planteamos un producto dañino, contaminante y que consume muchos recursos… ¿es rentable o responsable producirlo?

Ahora que ya sabes que significa User Experience Design, lo que implica la palabra diseño y porqué el diseño gráfico representa sólo una parte del concepto… Plantéate hasta que punto todo lo que te rodea puede mejorar. ¿Cuántas puertas te han confundido en el momento de abrirlas? ¿Cuántas sillas de diseño has visto que se han quedado sólo en lo estético? ¿Cuántos productos te han defraudado o no han cumplido su función de la mejor forma? Ahora que has despertado a tu Pepito Grillo, piensa en cómo mejorar todo lo que te rodea.
