Así que me voy a hacer famoso…pero tú todavía no lo sabes.

Hace unos meses escribí a un importante personaje del mundo del golf. Cuando me dí cuenta de a quién había escrito y la dimensión que ese hombre tenía, me vino un poco el vértigo sentado en la taza del “váter”. En el sentido menos metafórico y más literario del asunto, he de decir que me cagué.

No domino en absoluto las redes sociales. Así que tampoco estaba muy seguro del alcance del impacto que iba a conseguir. De hecho, esta es la primera vez que escribo en este sitio raro. Ahora, un sábado noche, mientras mi pequeña hija intenta quedarse dormida. Le he preguntado a un amigo, perdón, no es un amigo, es mi compañero de golf y eso quiere decir que es mucho más que un amigo. Y él me ha redirigido a este sitio, así que sin casi saber qué pijada es esta web me pongo a escribir. Supongo que algún día me releeré, cuando ya sea famoso, y me podré decir: “Madre mía, pero qué cateto era, pero qué mal escribía, pero qué joven era, pero qué pobre era” Este último adjetivo calificativo, de nuevo no nace con intención metafórica y sí con intencionada intención literal. “Qué pobre era (económicamente)”, porque lo soy y porque sé que voy a dejar de serlo algún día. Me decía un día mi compañero de golf, (ya sabes, mucho más que un amigo) que él no era hombre de 5 estrellas en alusión metafórica a los hoteles y por ende, a estilos de vida. Me decía que le agobiaban. He decir que no puedo estar más en desacuerdo. Yo soy hombre de 5 estrellas o si no, de tienda de campaña. Me deprimen los 3 y 4 estrellas. Me muevo bien en los 5 estrellas y me chifla lo paupérrimo. El golf, según lo entiendo yo, debe ser algo similar. O bien, 5 estrellas, o ya mejor entre ovejas en las praderas rústicas escocesas.

Decía yo, que contacté con un importante personaje del mundo del golf. Decía yo, que me cagué. Decía yo que soy hombre de 5 estrellas o de 0 estrellas. Decía yo, que me voy a hacer famoso, pero tú, querido lector aleatorio todavía no lo sabes. Más bien, todavía no te lo crees.

¿Qué voy a hacer para hacerme rico? Bueno pues lo anuncio aquí y ahora. Le mandé una propuesta simpática a este personaje importante como decía. He de recordar que ha sido mayoritariamente amable, respetuoso y educado en sus respuestas. Quizás, el sólo hecho de haber respondido ya le honra. No lo sé. Lo único que yo sé, es que no me apetece esperar eternamente. Hace ya unos meses que inicié mis contactos. Dice mi compañero de golf (por si no ha quedado claro, elevado de su anterior estatus de amigo) que no le haga creer que soy un loco psicopatilla. Me gustó su punto de vista. Desde luego, entre mis cualidades están la constancia, la intensidad, la creatividad y alguna más que todavía no he acertado a encontrar. Lo que está claro que entre mis mucho defectos no está el de ser un psicopatilla lunático. (Este último adjetivo calificativo sólo lo entenderán unos pocos de mis allegados y de mi compañero de golf. Lo siento por el público en general). Así que nada, le he hecho caso y he ido muy despacio en mis propuestas laborales y empresariales. Pues bien, como parece que no va a haber una respuesta concreta en un breve espacio de tiempo, y por breve me refiero a antes que mi hija aprenda a jugar al golf (tiene 11 meses a estas horas de la noche), he decidido probar a iniciar por mi cuenta las propuestas empresariales esas.

Dice mi compañero de golf (…no hace falta que repita el paréntesis, no?…) que hay muchísimos mequetrefes con ideas brillantes. Pero que lo brillante es poder llevarlas a cabo.

Bueno, pues aquí paro de escribir estas líneas. Este mequetrefe, va intentar ponerse los guantes de trabajo (muy obvio ahora quedaría hacer la metáfora con los guantes de golf) y empezaré a buscar dónde implemento mis ideas.

De hecho, lo primero que tengo que hacer es adivinar cómo rayos guardar este texto (hay autoguardado?) y adivinar cómo centellas lo difundo al mundo.

Punto Final, por el momento.

Alejandro Rodrigo.

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