Experimentando

Una vez más, la suave calma de mi rutina de treintañero se vió interrumpida por el inquietante caos que sólo una oportunidad única representa.

Es por esto, que en contra de todo pronóstico, retomo lo que hace años consideré un desquite espiritual y algo mezquino que alimenta mi narcisismo: Escribir sobre lo que hago, digo o pienso. Y hoy pienso en oportunidades, entre ellas la de ser leído, o al menos, de verme incómodo el tiempo suficiente como para replantearme la vida de otro modo, en otro sitio y momento.

Como vendedor de arte en mi país, Ecuador, es difícil situarse en otro contexto que el de la tradición que inició mi abuelo hace casi medio siglo, pero sin desligarme de esa parte que me define como persona, pretendo dar ahora un salto relevante.

Así que escribiré y si alguno me lee alguna vez, le agradezco de antemano por su tiempo. Procuraré no hacer que lo pierda…