-Uf, críos. Qué asco, qué pereza ¡qué de todo!

-¿Y quién te va a recordar cuando estés muerto?

-Nadie.

-¿No te parece tristísimo eso?

-No tanto como condenar a un trozo de carbono a la vida para producirme una ridícula ilusión de trascendencia.

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