Es que nos da miedo que nos regalen flores

Sábado, 5:06PM.
¿Que tienes? — dijo con temor y algo de angustia.
 — Nada — Respondio ella.
 — Entonces ¿Qué pasa con las flores? ¿No te gustaron? 
 — No, no pasa nada. Son muy bellas.
— Y por qué esa cara? Te noto algo triste.
 — No es nada, solo que me gustan mucho.
¿Porque las ves tanto? Siento que las miras como si fueran las primeras flores que tus ojos ven. Las observas con una mirada que desconozco.
— Me gustaron mucho de verdad. Son muy lindas. — Dijo con una sonrisa mientras las sacaba de ese florero sobre ese escritorio desordenado. Y las miraba, mirabas esas rosas de tono rosado, esas amarilis manchadas y esos lirios blancos. Los olía, casi puedo decir que les sonreía.
— Estoy confundido, ¿entonces porque esas lágrimas? Crei que te gustaban.— Me encantan. Pero solía creer que no era el tipo de chica que le mandan flores. — Y lloro como si hubiese un incendio y acabara con todas sus flores. Porque entre el jardín que ella plantó bajo su vida, alguien llegó con los brazos llenos de muchos ramos de varios colores.

No eran las flores, era lo que cargaban esas flores consigo. Era ese valor que cargaba quien las sostenia. No era que no le gustaran las flores, no era el miedo a que le regalaran flores. Es que por primera vez, nunca antes alguien le había regalado tantas flores.

Y eso la derramó en lágrimas, porque ella lo sabía. Segura estaba, que ella merecía todas esas flores tan pintorescas.
— Gracias dijo entre mirandolo a el y mirando ese ramo que sostenia en sus manos.
 — Pero porque me agradeces? — Dijo el un poco confundido.
— Porque llegaste a hacer más bello este jardín, llegaste pintar más delicado este paisaje y hacer el campo más verde. Pero sobre todo, porque me trajiste mucho más que ramo un de flores.

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