Ni desvestir ni tocar. Escribir

Intimidad no solo es hablar de los verbos de tocar o sentir. Es también hablar de los verbos como escribir o recitar. Para mi y muchos escritores intimidad definitivamente no solo es eso. No es el sexo, ni caricias. Son letras.

Por que digo esto? Hace días un par de personas me dijeron lo mucho que apreciaban por el hecho de escribir y tener el valor de poner mi nombre al final del ultimo verso. Ojala pudiera hacerles saber aun mas de lo que intente esa noche, lo felíz que me hace escuchar cosas tan sencillas y honestas como esas de quienes apenas me conocen. No fue algo que nació de un día para otro, toma un poco de tiempo y mucho valor. Ese camino continua porque siempre hay algo en que mejorar y mas por crecer. Así como también habrán mas obstáculos que te harán dudar de toda tu capacidad y permanecerán apareciendo para seguir siendo impulsos e oportunidades de crecimiento que queramos o no, necesitamos.

Escribir de la forma en la que lo hago me ha enseñado tanto de valentía. Es como si me desvistiese con tanta vulnerabilidad frente a las personas que me leen, claro de una forma figurativa. Frente a quienes me quieren, muchas veces frente a quien ni me conoce. Pero al mismo tiempo es una de las cosas que mas disfruto hacer por mas aterrador que suene. Al principio requiere mucha confianza en si mismo. Para un dia poder hacerlo sin temor, sin culpabilidad y sin remordimiento. Es chistoso, porque cuando mis amigos me motivan a recitar frente a ellos, yo siento asi. Como si en ese momento estuviera poco a poco quitándome la ropa. Pero ellos entienden y siguen siendo el apoyo que uno necesita en esto que a veces no es sencillo.

Escribir es hablar de libertad

Es abrirte a tal grado que las personas llegan a conocer partes muy muy sensibles de ti. No siempre las entienden, no siempre las han sentido pero cuando sucede, las emociones se conectan. Las miradas se identifican. Y al menos yo, llego a ese instante en el que disfruto mucho estar. Yo lo veo como arte. Y creo toda arte merece ser compartida. Aun y sea muy íntima, explícita para algunos porque al fin y al cabo es algo que tiene su historia, su técnica y su belleza.

Escribir te enseña a vivir.

Y creo en esto porque así como reconozco esa parte de mi que es patéticamente romántica al escribir, ahora le doy su lugar sin miedo. Lo acepto como es. Entonces hago lo mismo con mi vida real. Sin miedo a que toda tercera persona que no entienda mis letras, es decir mi vida. La afecte de alguna forma. Como si nuestras letras fueran la forma de reafirmar nuestra forma de sentir, de vivir y de expresar. Creo que vivimos en tiempos donde ya no estamos para cubrirnos, para indefinirnos o para aplastar la creatividad que de repente nos embosca y nos deja vivir muy a nuestra manera.

Hoy escribo esto porque siento que merece mas valor la intimidad de las letras, de las palabras y de nuestros relatos. La intimidad de los besos, de las caricias y de la locura de la vida que nos desviste en ocasiones. Y que muchas veces, las letras se vuelven el único medio de transporte que sabe llevarlo lo mas cercano a la realidad. Que te hace creer que puedes hasta sentirlo y vivirlo una vez mas. Y que después deja a esos lectores con un buen suspiro y quizá con una ligera duda donde no se sabe si es ficción, fantasía o realismo.

Mis letras ya no solo hablan de valentía, pero de libertad de expresión, sentimientos, emociones, momentos íntimos. Podría decir de todo eso que llega a ser muy intimo y que las palabras saben describir y proteger de una forma muy linda. Al fin y al cabo, amor y letras. Que es lo que nos mueve y se convierte en arte.

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