Bienvenido a la Iglesia Católica


Tu abuela Fidelina esperaba con ansias la llegada de tu prima Rosselita y tus tíos Manu y Ross. Era navidad y tu llegada ese mes hacía todo más emocionante. Conocerías por primera vez a Rosselita, tu primera prima hermana y aunque ninguno de ustedes hablaba para expresarnos qué sentían, nos llenaba de emoción el verlos juntos.
Ese mismo mes de diciembre, todos preparábamos el bautizo de ambos, para mí, que he ido a pocos bautizos me encontré el tuyo y el de Rosselita como un abrazo apretado, grande e interminable del Espíritu Santo.
Fue un 25 de Diciembre, día en el que se celebra el nacimiento del niño Jesús. En la Iglesia Divino Niño Jesús, en donde conocí a Jesús, le serví y tu papá y yo contrajimos matrimonio. Ese día el padre Lucas te recibió en la casa de Dios y oro por ti diciendo algo más o menos así:
“Que Dios te haga un hombre de bien, y que algún día puedas llegar a la casa del Padre a reencontrarte con Él y llegues con las manos llenas de lo mucho que serviste en la tierra a los demás”
Después tu abuelo José (Papito Pepe), te bautizó, tanto a ti como a Rosselita (que quería entrarse en el agua desde que la vió). Shara y Emmanuel tus padrinos te abrazaban. Fue un momento de intimidad, de amor y de familia. Tus bisabuelos y bisabuelas se encontraban acá, no faltaron las fotografías, pero tampoco faltó el Espíritu Santo.
Muchas personas alegan y dicen que a los niños hay que bautizarlos ya grandes cuando tengan conciencia de si quieren o no. Sin embargo aunque no sepa mucho de teología, puedo decirte que no me arrepiento de haberte llevado a recibir al Espíritu Santo y hacerte parte de esta hermosa familia, la Iglesia Católica.
Yo tengo una familia grande y sé lo genial que es contar con tantas manos, tanto apoyo y tanto cariño familiar. También la iglesia es una familia, en donde encontrarás manos, apoyo, cariño y oración. ¿Por qué esperar?
Ese día sentí una presencia especial, el peso del amor de Dios sobre todos nosotros y una paz de saber que estás protegido por Él. Mi alegría y la de todos dibujó un día irrepetible para quien lo presenció.
Rosselita y tú no sólo son primos, sino que además comparten el mismo Espíritu Santo, el mismo momento especial de aquel día, 25 de Diciembre. ¿Qué mejor manera de conocerse y formar lazos de amor que a través de Dios?. Aunque ahora Rosselita esté en Panamá y tu acá, sé que ese peso del amor de Dios seguirá acompañándolos a ambos a donde quiera que vayan y seguirá haciendo de ustedes no sólo dos primos sino también dos grandes amigos.

