Lactancia, un lenguaje de amor

Lactar al principio fue una tarea muy difícil, creo que tanto para ti como para mí era algo nuevo, muy nuevo. Imagínate que de repente te comience a salir leche por el pecho. Increíble, pero cierto.

Yo estaba muy confundida, pero sin embargo con muchas ganas y bastante positiva. Te quería alimentar sea como sea. Y así fue. Cuando naciste recuerdo que te llevaron directamente a la habitación y fuiste directo a mi pecho. No puedo explicarte lo que sentí al alimentarte. Me sentía la mujer más orgullosa del mundo. Yo, tu mamá, dándote vida.

Pero como todo en la vida al inicio es complicado, pues lo fue. Tú no sabías colocarte y yo toda una inexperta tampoco. Mi mamá, mi suegra, las enfermeras, todas nos ayudaban y nos enseñaban cómo ponerte. ¡Qué locura! ¡Qué días aquellos! Al principio era divertido, pero luego no lo fue. El dolor comenzó a apoderarse de mi medio para alimentarte, pues se encontraba herido.

Yo y Sofía nos la pasábamos conversando y ayudándonos mutuamente. Ella con Alfonso Esteban y yo contigo. Esas primeras semanas fueron intensas. Recuerdo que a las primeras citas con la pediatra me recomendó formula para ayudarme y darme tiempo a sanar. Siéndote sincera no quería, para nada, me sentía culpable y afligida. Cuando te veía bebiendo de un biberón me entristecía.

Quería ser capaz de ser yo la que te alimentase, pero me desesperaba, porque al verte llorar, sentía que no te llenabas conmigo. Qué días aquellos. Recuerdo que un día me levanté después de dos semanas entre formula y leche materna y le dije a Nairobi, tu nana, “ ¡Escóndelas ya!” refiriéndome a la formula “ ¡No las quiero ver nunca!” Me mentalicé y te pegaba, te pegaba, te pegaba. Hasta que poco a poco, viendo videos, leyendo, pidiendo consejos, enterándome de los picos de crecimiento, salió tanta leche que parecía una vaca lechera.

Quiero decirte que disfruto tanto pegándote a mi pecho, teniéndote cerca de mí. Te toco, te hablo, te consuelo, te acaricio, te canto y no me canso de hacerlo, es como un traspaso de amor o mejor aún es una conversación amorosa en la cuál somos los únicos invitados.

Tú y yo

Ya comencé el trabajo, pero no pierdo ni un segundo de mi tiempo cuando estoy contigo para no llevarte entre mis brazos y alimentarte. Lactar es un arte hermoso, del cual la mayor parte de las mujeres somos capaces. Hubiese desistido, pero tener amigas y familia que te motive nos anima a saber que somos capaces de eso y más.

Me he vuelto una experta en leche, tengo el congelador tan lleno que tu papá dice que pronto no entrarán las carnes. Sigo levantándome en las noches mientras duermes porque sé que tú eres lo más importante y que alimentarte es un sacrificio de amor que vale más que la pena, vale tu vida.

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