Presente

Diario a mi hijo, Javier Elías.
Hola pequeño. Mi Javier Elías. Quiero decirte primero que te amo. ¡Qué grande estás! Has crecido muchísimo en estos 20 meses que tienes de vida. Te hemos disfrutado cada instante. Eres un niño absolutamente feliz.
Nos encanta estar contigo, aunque a veces queremos salir corriendo, desesperados, tratando de entenderte y poco a poco te vas abriendo con claridad, así como un libro, que leemos los tres, juntos.
Hoy quiero contarte Javier un poquito de mí. Tienes una mamá que te ama, que le gusta el amor, que lo lee, lo saborea, lo anhela, lo disfruta, lo escribe y que le divierte. Pero al mismo tiempo una mamá impaciente. Es a veces agotador serlo. Ojalá esa no sea una de tus cualidades. Tengo casi 30 años y vivo a “un paso”. Pensando qué se hará, qué no se ha hecho, qué falta. Planeando, y no como los aviones, ¡no!, planenado sobre el futuro, sobre la vida, sobre ti, sobre papá, sobre nosotros. Y estoy agotada. Me hace falta ese Dios, que me calma.
Te escribo porque quiero contarte lo vibrante y silencioso que Dios es para mí. Quiero decirte que él me echa de menos y yo a él, por lo menos sus silencios (que son de sus mejores cualidades), pero algo de él. ¿Sabes quién me ayudaba a vivir el presente? ¿Quién me hacía apreciar un pasto verde, listo para esconder los pies? ¿O un infinito techo color azul, llamado cielo? ¿O el sonido de tu respiración? Pues Él mismo. El vibrante y silencioso, Dios.
Tal vez hoy estoy más perdida que nunca, tal vez tenga tantos deseos qué no sepa cuál elegir, cuál camino seguir, qué hacer. Decirte que es difícil esta vida, que cuesta, que tiene riesgos, que hay que trabajar mucho para lograr algo, (por eso espero que elijas algo que te apasione), que papá se nota tan inquieto como yo (aunque no me lo diga). Que tengo miedo, tal vez lo tengamos ambos, pero que sobre todo estamos juntos.
Mis ratos de presente son contigo. Aunque no quiera me haces vivirlo. A veces la cabeza se me va a otro lado. Tú, has aprendio algo nuevo. Pides mi atención, me sostienes por un dedo, me haces cosquillas, me pides que juegue contigo y entonces se van por un rato las preguntas y en ti solo veo respuestas, de amor, de cariño, de sentido.
Tú, Javier Elías, nos das sentido, a papá y a mí. Y te amo, por eso y más.
Tuya siempre,
Mamá.