Detrás hay un sueño, y en frente una misión

¿Sabes qué quería hacer con mi vida a la corta edad de 6 años? Quería ser policía de tránsito.

Sí, muchos quieren ser doctores, maestros, policías en general. Yo quería ser un policía de tránsito, ¿la razón? Habían detenido a mi mamá un par de veces por ir a alta velocidad en las mañanas. Vestir, hacer el lunch, peinar y llevar a cuatro niñas a la escuela no es sencillo. Sé que no era excusa, pero yo quería ser policía de tránsito para que no detuvieran a mi mamá en la calle y no tuviera que pagar multas jamás.

Tiempo después quise ser traductora. Mi mamá nos llevó a vivir un tiempo a Canada, yo no entendía absolutamente nada y no podía hacer amigos. Mi mamá me decía “diles: May I play?” y al llegar con ellos sólo decía “play”, me contestaban “sure” y me explicaban el juego, pero al no entender nada terminaba corriendo a los brazos de mi mamá de nuevo. Decidí ser traductora para ayudar a todos los niños a entenderse y poder jugar juntos sin importar su idioma.

Quise ser dueña de un orfanato, para ayudar a todos los niños que pedían dinero en la calle y tuvieran un lindo lugar donde vivir como lo tenía yo.

El punto es, que quise de niña ser muchas cosas, pero todas tenías un factor común: Quería ayudar a la gente.

No me importaba cuánto dinero iba a ganar, me importaba a cuántos niños podía hacer amigos, cuántas multas le salvaba a mi mamá o a cuántos podía salvar de las calles.

Mi sueño, era ayudar a las personas. ¿No es al final lo que todos soñamos de niños? Ser superhéroes que pueden ir a salvar a la humanidad.

La realidad es otra, y lo tengo muy claro, pero el sueño persiste, lo que cambió, fue la manera de conseguirlo.

Detrás de mi está esa pequeña niña de 6 años, soñando con cambiar el mundo de una forma tan simple y rápida que da ternura.

Si pierdes el sueño, pierdes la misión, por más infantil que parezca, no es imposible, hazlo real.

Conocí a un amigo que siempre bailó, desde los 7 años y entré a la academia por capricho. Ahora, se va de gira, está en diferentes lugares como bailarín profesional. Su futuro es brillante, porque sabía que su sueño era una misión que debía cumplir.

No subestimes tu sueño, llévalo a la realidad.

Algunos tienen mi mismo sueño de ayudar a otros, comienzan fundaciones, se van de misiones, según su plan, su misión. Yo fundo una empresa de desarrollo web que impacte el mundo.

Quiero ayudar a otros a ser felices y a destacar su pasión. Si hacen eso, todos a su alrededor serán felices, seguirán sus pasos, se apoyarán mutuamente, y en las futuras generaciones no habrá personas trabajando por un salario, sino por proyectos que cambien el mundo.

Ese es mi sueño, que fuera de quedarse en mi mente, llevo a la realidad.