Avances de la ciencia

La era de los clones

La clonación equina evoluciona cada vez más en nuestro país, al igual que las técnicas y tecnologías nacionales que son exportadas.


Foto: Pablo Ramirez. Clon 01 de la Cuartetera, la mejor yegua del polista Adolfo Cambiaso

La era de los clones dejó de ser sólo una fantasía y, en el polo ya es una realidad deportiva que crece a pasos agigantados.

La evolución de los procesos aumentó rápidamente en el último tiempo. Casi veinte años atrás, nació la oveja Dolly, conocida por ser el primer mamífero clonado. En 1998, surgió la clonación bovina y cinco años más tarde, la equina.
Fue en agosto del 2010, cuando nació en Argentina, el primer clon equino de Latinoamérica, BS Ñandubay Bicentenario. Desde ese entonces los progresos de genética y tecnología permitieron que hasta hoy ya se hayan clonado alrededor de 75 caballos, convirtiéndose en uno de los países más avanzados en el desarrollo de esta técnica.
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“La clonación es una fotocopiadora biológica. No es una herramienta de mejoramiento genético. En los animales actualmente se utiliza tanto para clonar reproductivamente aquellos considerados de ‘elite’, como para investigación”, explica Adrian Mutto, director del laboratorio de Biotecnologías reproductivas y mejoramiento genético animal UNSAM-CONICET y Director del laboratorio de Clonación Equina de Crest View Genetics de Argentina.
De un animal se pueden sacar miles de millones de clones. En el caso específico de los caballos, “para clonarlos se les saca un pedacito de piel y, con ese pedacito que mide solamente tres milímetros, se generan miles y miles de células. Con una sola célula de la piel se puede generar otro organismo vivo”, afirma Mutto.
Es difícil encontrar un aspecto negativo que sobresalte por sobre lo positivo de jugar al polo con una yegua clonada. Mutto comenta que “depende el aspecto pero, en general, desventajas no hay ninguna. Si un caballo cuando nace, lo hace en perfectas condiciones, el clon va a ser genéticamente igual. Si les buscamos una desventaja, podemos decir que al clon no se lo mejora genéticamente. La máxima ventaja es que es una herramienta reproductiva tremendamente poderosa”.
Está claro que una yegua clonada no puede salir “mala”, porque tiene la misma genética que el original. Deportivamente, el clon tiene más chances de ser aún mejor que el caballo original porque su genética ya fue probada, “pero si el clon no fue alimentado, criado o domado de la misma forma que el original es muy probable que deportivamente no rinda lo mismo”, explica Mutto.
Uno de los pioneros de la clonación de caballos es Adolfo Cambiaso, conocido por ser el mejor jugador de polo del mundo, y ya monta clones de sus mejores caballos. “No solo juego con clones, sino que ya estoy domando hijos de clones”, dice Cambiaso.
Pero también hay detractores de esta técnica. Son los puristas que toman esto como una especie de trampa y también cuestionan la técnica por su costo que arranca desde las 6 cifras y en dólares. En la actualidad, solo la Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo y la de Caballos de Salto permiten y aceptan la clonación. En cambio, la Asociación de Criadores de Pura Sangre (caballos de carrera) no permite la clonación y ni siquiera la inseminación artificial.
Algunos de los laboratorios líderes de clonación equina en Argentina son Crestview Genetics,ubicado en Luján, y Doña Sofía, en General Rodríguez. Ambos están equipados con tecnología de última generación y cuentan con un equipo de científicos con trayectoria y reconocimiento mundial.

Foto: Adolfo Cambiaso. Al medio, la Cuartetera, su mejor yegua y a su izquierda 01 y a su derecha el 02.

Julieta Mitchell Tovar, Rosario Sola, Brenda Stambullian.

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