El día que gané perdiendo

Hola, soy Bricia. Creo que después de varios meses puedo escribir sobre lo que sucedió y lo que ha pasado por mi mente. Empecemos.

Vine de Oaxaca (vivo en Mérida actualmente) en busca de mejores oportunidades, de una mejor educación, de una mejor calidad de vida, huyendo de un pasado y algún amor enfermo. Yo… yo soy una mujer libre, hago lo que me gusta, estoy con quien yo quiero, digo lo que pienso y lo que siento, voy hacia mis sueños; digo groserías, soy poco femenina, no me importa mucho lo que los demás piensen, me gusta beber con amigos, me fascina bailar y uso Tinder a menudo… soy mucho de lo que quizá no esperarías que estuviera en la política ni tampoco lo que esperarías de una representante estudiantil.

¿Cómo entré a la política? No lo sé, quizá fue esperanza dulce e inocente mezclándose con mucho hartazgo y desesperación.

¿Cómo terminé siendo candidata a Consejera Estudiantil en mi Facultad? Aún no tengo una respuesta a eso, supongo que fue un acto de impulsividad común en mí.

¿Qué pasó? Contaré desde mi perspectiva…

Una idea pasó por mi mente, una persona se cruzó por mi camino con la misma idea, otra soñó conmigo, y varios más hicieron lo mismo; pues resulta ser que desde la Universidad, quizá desde antes ya dejamos de creer en la política, lo vemos como la vil bandera de corrupción e impunidad y, no los culpo ya que al menos en mi Universidad muchos de los burócratas y servidores públicos acutales empezaron como presidentes de una Sociedad de Alumnos o como Consejeros Estudiantiles.

Acepté soñar y creer que podía generar un cambio en mi facultad y no estaba sola, mujeres y hombres soñaron conmigo al mismo tiempo, tenía tiempo que seguía a Pedro Kumamoto y ¡Wow! ¡Sí que soñé! Me hizo recuperar la esperanza que había perdido desde que era una niña, decidí hacer las cosas a nuestra manera, decidí no aparentar ser la mujer perfecta, me mostré tal cual soy, incluso ignoré tantos buenos consejos por hacerlo a mi manera, perdí pero perdí a mi manera y perdí feliz porque para mí no perdí nada, no salí con menos sino con más.

Hicimos una campaña independiente sin partidos políticos ni padrinos, ¿cómo? Toqué muchas puertas con la intención de vender la publicidad en mi campaña a algunas empresas locales de la ciudad, encontré muchos padrinos, de conocimientos, de algunos artículos o servicios para rifar y dos o tres de dinero. Estábamos decididos de que nuestra pobreza no nos iba a detener de hacer un cambio, me dijeron que sin dinero para regalar comida o fiesta no me atreviera a participar, me vieron como la más débil y spoiler: a muchos los hice tragarse sus palabras.

Tenía unas buenas propuestas, tenía un buen equipo atrás y me preparé bastante para hablar en público ya que meses antes me podían encontrar llorando porque mi hermano no preguntaba algo por mí.

Llegó el día, recuerdo ir caminando por la calle de mi casa rumbo a la escuela con uno de mis grandes amigos cargando una caja con nuestros planes de trabajo, lo recuerdo tan claro… Llevaba una libreta en la mano e iba escribiendo mi discurso, nunca había dicho públicamente lo que pensaba sobre política, no podía parar de llorar cuando lo escribía y lo leía porque estaba hablando con el corazón ¡Lo juro!; mi discurso decía algo como:

Hemos decidido dejar de hacernos a un lado, ninguno de nosotros ha participado en una SA o un Consejo, nos hemos lanzado de manera independiente sin partidos ni padrinos políticos y financiamos esta campaña vendiendo publicidad que pueden ver atrás de nuestras playeras, en nuestra lona y en nuestros dípticos.

Les explicaba que la diferencia en un Presidente de SA y un Consejero no radicaba en lo social y lo académico sino en la presencia del Consejero dentro del Consejo Universitario, la fuerza más grande que existe en nuestra Universidad. Prometí transparencia, honestidad y responsabilidad, después de todo estaba buscando que me dieran chamba y lo menos que podía hacer era hacerlo bien.

¿Y qué creen? Al parecer hablé chingón pues al salir de los salones todo era muestras de apoyo y afecto; salíamos brincando de felicidad de los salones porque como no manejamos una operación como las acostumbradas no estábamos estresados. Este día sólo lo puedo describir como alucinante, no podía ser real.

Al día siguiente eran las elecciones, me puse una de mis dos blusas formales (la otra la había usado el día anterior en la campaña) me senté con toda la actitud en esa silla de madera acolchonada y vi como pasaban los votantes, algunos compañeros candidatos contaban el número de votantes, yo no tenía ni idea para qué pero después lo hice también. Pasaban y pasaban jóvenes, mostraban públicamente su apoyo a los demás candidatos, menos a mí… A mí mi equipo nada más me saludaba con la manita, estaba segura que tenía 9 votos en la mañana porque esos eran los de mi equipo.

En las 4 horas entre elecciones recuerdo que fui a mi casa con la intención de dormir un rato, mis mejores amigos junto a mí en mi cuarto, todos ellos con su playera de venadito. Nunca me había sentido tan empoderada y apoyada. Al despertar el que era mi representante me dijo que le había hablado otros representantes por ciertas irregularidades de algún candidato así que fuimos a reunirnos con ellos decidiendo mencionarlo justo antes de empezar el conteo.

En la tarde volvimos a ocupar nuestros lugares y se reanudaron las votaciones, vi a un par de personas tomar fotos a sus boletas, estaba prohibido utilizar celulares porque justo la persona que cometió irregularidades dijo algo como que no se permitieran con la intención de unas elecciones limpias. Pasaron muchos estudiantes con una libreta en la mano o con bolsa de un lado, para mí fue muy normal, hay mucha gente así que con una libreta y un lápiz sacan los mejores exámenes.

Terminaron las votaciones, nos dieron las carpetas con la evidencia, unas cuantas fotos de su hermano entregando planes de trabajo en una Unidad de la Facultad en otra ciudad, otras de su padre dentro de la Facultad (es un regidor por un partido político en dicha ciudad). El representante del Consejo Universitario hizo a un lado la evidencia por no ser tan relevante y prosiguió con el conteo de votos; fue como una carrera de caballos, yo digo que hasta los administrativos estaban emocionados, salió una hoja en blanco doblada como si fuera un voto y en ese momento un compañero candidato dijo que esas elecciones ya no valían, pero se prosiguió… 100 votos él, 100 votos yo y así sucesivamente hasta que él resultó victorioso por poco más de 50 votos. Dos compañeros se levantaron de sus sillas y le dijeron unas cuantas cosas bastante fuertes y justo en el momento que nos iban a tomar la foto de la “victoria” empiezo a llorar como Magdalena y la chica de alado me abraza (no nos tratamos hasta ese día), por mi mente pasaban imágenes de toda la esencia de mi campaña y mi propuesta contrastándose con su plan de trabajo y todo lo que había detrás de él (era de la línea del sobrino del Secretario de Gobierno). Me intentaron calmar y nos dijeron que no era culpa del proceso sino de las personas que se dejaron vender, lloraba de tanta frustración y grité: ¡Ganó la corrupción!

Me pasaron el acta para firmar y dije “sé que no afecta en nada si no firmo así que me reservo ese derecho”, pasó la siguiente y no firmó, el siguiente y tampoco, así pasaron todos los demás candidatos hasta que llegó al ganador y sólo él firmó con esa actitud que tanto le caracteriza. Trajeron pizza y refrescos pero no nos quedamos a disfrutarlo, salimos de la sala y nos dijeron que saliéramos unidos que la Facultad estaba cerrada, llegamos a la puerta y gritaban mi nombre, gritaban que no firmara, que no lo permitiera, sentía tanto que comencé a llorar nuevamente. Acordamos hablar con nuestra gente para no exponer a nuestros equipos frente a una posible intervención de la fuerza policial, el chico ganador salió por otra puerta y nos fuimos todos los candidatos con nuestros equipos a organizar algo a mi casa, pensamos en cerrar la Facultad al día siguiente pero muy pocos nos despertamos y pues, fallamos.

Final de la historia, impugnamos por compra de votos y otras irregularidades, se creó una comisión temporal del Consejo Universitario, hasta firmas juntamos y la resolución final nos dejó como niños chupándose el dedo, shit happens.

¿Qué aprendí?

No debemos ser tan inocentes y esperar que los demás actúen de la misma manera en que nosotros lo hacemos
Debemos de ir todos juntos y trabajar en lo común
Las personas aprecian la honestidad y sensatez
A veces se gana más perdiendo
Las cosas no cambiarán hasta que nos involucremos (esto ya lo sabía, sólo lo confirmé)

Estoy tan ansiosa por ver las próximas elecciones, los que operaron las irregularidades ya se graduaron y demostré que se pueden hacer otro tipo de campañas sin necesidad de entrar con un partido o ser ultra ricos.

Por lo mientras yo seguiré en esta línea porque… si jóvenes con dos comidas al día y acceso a la educación superior se vendieron por $150, ¿qué pasa con un México que tiene 55 millones de pobres?

Gracias a todos los que me apoyaron, fue de las mejores experiencias de mi vida.