Para el color de mi madre
Soy una mujer rubia hecha morena en el color de la sangre prieta de mi padre.
La boca ancha, las piernas firmes y el ritmo los heredé de las mujeres que parieron esclavos para hombres blancos y que migraron creyendo en la prosperidad del verde de la montaña.
Entre mis nudillos están encerradas las voces de las hijas sin padres negros, las tocadas por el sol, pero no lo suficiente, las que caminando entre la gente buscan su historia sin encontrarla.
Me antecede el llanto,me escribe el clamor por un cuerpo libre, me rompe el color de mi madre y la indiferencia.
En mi pecho puedes ver la abundancia, la temida abundancia que nadie quiere mirar, la que señala el ruido de las dietas y las pesas del gimnasio, la deshumanizada por el dolor de las comparaciones con animales porcinos o vacunos.
El dolor a durado por lo menos 300 años.
Me anteceden los despojos de los cuerpos, me desorienta el desarraigo, la imposibilidad del reflejo.
En mi rodilla puedes ver la herida del color de mi madre.
Cojeo constantemente. La rabia es mi muleta.
Sí mamá, estoy enojada con el color de tu piel y con la ceguera de aquello que nos hace diferentes.
Estoy enojada con el color de la piel de las poetas, ¡Ah! Las poetas y esa probadita de privilegio que les ha permitido callar el abuso, callar el racismo, callar el sexismo, callar el dolor sus hermanas, de sus amigas, mí dolor. Esoy enojada con su inhabilidad para hacer conexiones, con su feminismo simples y con su habilidad para negociar con la derecha. Estoy enojada siempre y todos los días porque este cuerpo mío ha sido cuota de inclusión con mi permiso.
Mis creencias se han vuelto moda, mi cuerpo se ha vuelto marketing, mi ropa se ha vuelto adorno, mi humanidad ha hecho nuevos ricos a los blancos y mientras mi rodilla sigue herida.
Me antecede el llanto, me antecede el dolor y la ruptura, me antecede el deseo de quemarlo todo, soy el deseo de quemarlo todo porque lo que existe no sirve.
Mi rodilla está herida, sigo caminando.
