Bordando la historia
En un frio día de agosto, Isabel, accede a conversar conmigo. En un principio hablaríamos de su trabajo en lanigrafia, pero lo cierto es que terminamos hablando de otro de sus oficios. Del cual, pareciera, sentir más pasión. Tiene 57 años y desde hace unos 40 que es arpillera. Viviendo en Lo Hermida, a los 17 años y, gracias a los colectivos de mujeres de la época, aprendió este oficio y que, más que oficio, es un arte.

En 1980, en lo que era la antigua Lo Hermida, conoció por primera vez este oficio. Su primera incursión en este arte fue gracias a los comités y colectivos de mujeres en la dictadura en Chile, me cuenta. Estas arpilleras, en aquella época oscura, cumplían una importante labor, como lo era el comunicar y difundir lo que estaba pasando en el país en ese momento. Para Isabel ese era la principal tarea y por lo cual comenzó en este oficio. Ella, me recalca, que hasta el día de hoy intenta seguir emulando aquella tarea. Comentándome además que no hace “arpilleria de bonito ni de dulce”, sino más bien,” arpilleria de denuncia”.

Si bien, mediante sus arpilleras representan denuncia, también representan valores y memoria. Los cuales intenta representar en cada una de sus obras. Si en la actualidad hay un conflicto social, ahí está elaborando bordados para contar lo que sucede hoy, tal como lo hacia en el pasado. Para ella, esto más allá de un negocio, es un arma de lucha, pero también una terapia en momentos difíciles. Si tiene algún problema, toma sus géneros y comienza con una nueva pieza y que, según comenta, “nunca es igual a otra”.

Su oficio, “va desapareciendo mediante avanzan las nuevas generaciones”. Lo cual le genera tristeza. Este trabajo no le ha ofrecido un pasar económico envidiable. No obstante, fue de gran ayuda en distintas fases de su vida. Para ella, este oficio más que recompensa monetaria, trae la satisfacción de hacer lo correcto y denunciar lo que está mal. Entre sus muchos motivos para seguir con este difícil oficio, el principal es el contar lo que no se cuenta en los medios oficiales. Lo que desea lograr es “contar una historia propia. No la de los libros”.

Durante su vida ha debido de sufrir muchos momentos difíciles. La muerte de compañeros y compañeras, la desaparición forzada de vecinos y vecinas, la injusticia social, etc. Permean su trabajo. Su intención no es competir, sino más bien compartir. Compartir historias, vivencias, realidades, memorias. “Yo no hago arpilleras de bonito ni de dulce, yo hago arpilleras de denuncia. Es por ello, que, hasta la actualidad, sigue bordando y amarrando trapitos de tela, que unidos y entrelazados, crean una nueva historia que debía ser contada.

Finalmente, con mucho esfuerzo logra terminar una nueva obra de arte, de denuncia y de alegría y qué, quizás, como tantas otras, termine regalando más que vendiendo. Uno de sus miedos más profundos en torno a este oficio es que se pierda. Es por esto, que está dispuesta a compartir todo lo aprendido a quien desee aprender. Mal que mal, compartir experiencias, vidas y un sinfín de cosas, es lo que ha hecho durante toda su vida y no se arrepiente de ello.
