Hacer algo

No fue magia leí por ahí…pero para mi, en lo particular, recuperar mi fe en la política es lo más cercano a la magia que voy a tener.

Llegó el día. La cyber militancia tiene su alcance. Aunque reniego un poco de la palabra. Porque me recuerda a todo lo que sea militar. Que Cristina, alguien que nos recuerda lo terrible que fueron las épocas de los militares use el término “militar” hasta en los karaokes de la cámpora…no me cierra. Me suena mejor: inquietud política…en mi caso: por vías digitales. Finalmente me metí de lleno. Decidí ser fiscal. Ser fiscal donde hace falta. Es fácil tratar de enganchar la escuela del barrio o de la vuelta de la casa. Nosotros nos fuimos a Alderetes. Si señor. Al-de-re-tes. A una escuela que de lo deteriorada que estaba parecía un manicomio abandonado. No tanto por fuera sino por dentro. Entrar a un aula y que un gigantezco pingo de tinta azul te haga sombras mientras tratás de enseñarles a los chicos quién fue Rosas, te la regalo. Enchufes que no andan, baños que estaban mas sucios que los expedientes de algunos candidatos. No fue una tarea fácil. Un detalle no menor: casi perecemos en el viaje de ida a la escuela. Sin querer nos metimos a la Costanera. Grave error. Inmediatamente se me vino una serie a la cabeza: “the walking dead”. Me pareció ver que un perro desnutrido nos hizo señas como diciendo “Rajen de aquí muchachos” mientras se rascaba disimuladamente. La gallega resentida del GPS nos había mandado a una muerte segura a manos de los zombies del paco.

Por suerte zafamos, llegamos a la escuela y nos encontramos con el equipo que tenía la titánica tarea de fiscalizar en una escuela que, en las PASO, había tenido más trampas que un templo de indiana jones. Nos dieron las indicaciones y luego…cada uno a su mesa. Me senté, saludé a mis compañeros fiscales y me puse a trabajar. Vi pasar mucha gente. Vi faltar mucha gente (casi 80 personas de una mesa de 300). Muchas chicas jóvenes embarazadas y con bebés. Vi hombres en estado de ebriedad. Vi de todo. Me llamó la atención una muchacha corpulenta y coqueta de vestido rojo con volados anunciarse como Mario Roldán. Efectivamente, tenía más cara de Mario que de Mariana. Pero fue a votar como quería: con vestido, y eso es bueno. Podría haberse cambiado en DNI, una de tantas cosas buenas que hizo esta gestión que ya se comienza a despedir (aunque a regañadientes, como un ebrio que se niega a reconocer el horario de cierre del boliche las 6 y de paso, su realidad circundante).

Ejerciendo el deber fiscal

Claro que si hubieran trabajado con la misma tenacidad con la que se enriquecieron, otra sería la historia. Pero en un país en donde San Cayetano esta a punto de ser considerado una persona no grata, cambiar significa salir del área de confort. Cambiar significa que “tu contacto” quizá deje de trabajar y tengas que hacer todo como corresponde, por derecha. Cambiar quiere decir que el subsidio que le daban a tu empresa…mañana puede ir a otra que lo necesita más que vos…tal vez porque descubrieron que vos en realidad no lo necesitás. Es que se vayan los funcionarios nepotistas que nombran hasta sus canarios como asesores. Yo quiero un país donde el corrupto vaya a la cárcel y no a dar un cursos a los hoteles 5 estrellas. Continuar un modelo con 13 millones de pobres les parece bien? Tener un presidente al que no lo dejan ir a un debate te cierra? Un vice con mas juicios encima que la Rímolo? Yo quiero un cambio para mi argentina. Los peronistas ya tuvieron su momento. Es hora de ceder el lugar. Es lo que corresponde. A los que dudan o tienen miedo, les digo que se queden tranquilos. Nadie les va a quitar derechos ni nada que no hayan ganado honestamente. Yo desde mi lugar voy a hacer lo que este a mi alcance para hacer un país mejor. Quiero volver a esa escuela donde fiscalicé y ver los baños en condiciones, quiero que la costanera pase de ser un desfiladero de niños zombies a un lugar recreativo con agua, arena y sombrillas. Donde “soy el hijo de…” Deje de ser una tarjeta vip all access de impunidad y sea un referente del orgullo que sentimos por nuestros padres. Que nuestros políticos puedan ir a comer a un restaurant o a tomar un vuelo sin miedo a las represalias de la gente. Una gestión limpia. Y hoy más que nunca me di cuenta que si, no es magia. Es compromiso, responsabilidad y trabajo honesto. Y que el cambio empieza por uno.

A los que hoy sufren como precious porque el motonauta se quedó sin nafta y empiezan a decir “ah, claro…ahora no hay fraude”. Les puedo decir desde adentro que no. No lo hay. ¿Porqué? Simple: no lo permitimos. No hablo del Pro, sino de todos como argentinos. Yo trabajé codo a codo con fiscales opositores en un ambiente de pleno respeto. Y el trabajo se realizó en paz y hasta con muy buena onda. Salimos, nos dimos las gracias, nos saludamos y nos deseamos mutuamente una buena semana y buena suerte. Por mucho que le pese a Betty y por más que quieran culpar a quien quieran. Lo que se ve ahora es lo que se vio ayer en las urnas ¿Querés ver con tus propios ojos que no hay fraude? Involucrate. Tenes una oportunidad más. Te invito. A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido, generalmente por la misma razón, dicen. No fue magia leí por ahí…pero para mi, en lo particular, recuperar mi fe en la política es lo más cercano a la magia que voy a tener. Nos vemos en noviembre.