Chica de oro

Ayer le di un golpe a la pared porque algo adentro mío se rompió. Ayer algo se rompió y empezó a salir vapor para todos lados, como si hubiera un escape de gas que hizo que una pelota de pinball gigante rebotara contra todos mis huesos. Ayer rebotó una pelota de pinball y rebotó mi mano contra la pared de madera de la casa de mi abuela. No me rebotaron los nudillos porque ya aprendí que me duelen, entonces le pegué con la muñeca. Y el dolor que tenía en el pecho y las voces que tenía en la cabeza salieron disparadas por un rato. No fue suficiente, al segundo se me volvieron a meter adentro. Y yo me quedé parada en el medio de la cocina, con una pelota de pinball que seguía rebotando adentro mío, con los pedazos de eso que se rompió pinchándome el costado, con la muñeca caliente, con una tristeza que ya no sé dónde poner y no sé cómo sacar. Me quedé en silencio con el enojo que ya no sirve expresar, porque se transformó en una molestia. Porque para qué abrir la boca si nadie te escucha. Porque para qué me escuchás si no te importa. Porque para qué.

Ayer me costó bajar la persiana porque me dolían los dedos cuando los apretaba. Ayer me costó dormirme porque la cabeza todavía me hablaba. Hoy me costó desbloquear el celular para contestarle a mis amigas, agarrar los auriculares para escuchar música, atarle los cordones al nene que todos los días me abraza cuando llego. Porque ayer me dolió la indiferencia, porque ayer me dolió el silencio, porque ayer supe que el abrazo ya no va a volver. Porque me dolía la mano, porque antes me habían dolido muchas cosas. Hoy pasé todo el día sintiéndome débil y pelotuda. Tan increíblemente pelotuda. ¿No fui yo la que se prometió a sí misma no volver a caer en la destrucción? ¿Es que no te das cuenta que ya te destruyeron por todos lados? ¿No te diste cuenta que ya rompiste demasiado? ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo vas a lastimarte más? ¿Por qué no te cuidás? ¿No ves toda la gente que está haciendo fuerza para cuidarte? ¿No ves que sólo estás ayudando a los que te quieren ver tirada? ¿No ves? ¿Qué es este dolor pelotudo que no te deja ver?

Ojalá me hubieras conocido cuando todavía no era quien soy hoy. Ojalá me hubieses conocido cuando todavía podía pelear por tu respeto. Ojalá me hubieses conocido cuando todavía tenía ganas de discutir. Ojalá me hubieses conocido cuando todavía tenía fuerza para hacer que la gente se quedara. Ojalá me hubieses conocido cuando todavía no era alguien que le había causado un daño enorme a otro. Ojalá me hubieses conocido cuando todavía mis errores no decían tanto de mí. Ojalá me hubieras conocido cuando todavía podía decir que era buena persona. Ojalá me hubieras conocido cuando todavía era algo más que alguien que intenta. Ojalá me hubieses conocido cuando podía pensar en mí sin lastimar a otros. Ojalá me hubieses conocido cuando todavía podía pensar en otro sin lastimarme a mí. Ojalá me hubieses conocido más. Ojalá hubieses tenido ganas de conocer incluso las partes horribles de lo que soy.

Sé que tengo que juntar fuerzas pero no sé de donde sacarlas y adónde ponerlas. Sé que tengo que juntarlas pero me da miedo porque la última vez que las tuve las perdí, y todavía no supero la ausencia que dejaron. Y quizás, para juntar fuerzas, tenga que dejar de esforzarme. Porque la única forma de hacer que la pelota de pinball se quede quieta y deje de rebotar es rendirme. Mutilar una parte de mí, sacarme ese gen que me hace creer. Creer en vos, creer en él, creer en que en algún momento esto que sólo me sirvió para lastimarme va a poder hacerme bien. Esto, esto que crece adentro mío y me da esperanzas. Esto que hace años no hizo más que darme patadas.

Sé que tengo que juntar fuerzas pero tengo que ser muy precavida a la hora de saber dónde guardarlas. No quiero terminar usándolas para golpearme. No quiero usarlas para que alguien más me las robe. Quiero usarlas para hacerle bien a otros haciéndome bien a mí. Quiero que lo que tengo para decir sirva. Quiero usarlas para curar este dolor que me causa saber que el dolor de alguien más tiene mi nombre. Quiero usarlas para poner la pelota donde tiene que estar. Quiero usarlas para volver a acomodar los pedazos. Quiero usarlas para aprender a tocar el bajo, escribir todas las historias que sólo viven adentro mío, chocarle los cinco a los nenes que me dicen que me quieren aunque a veces tenga que gritarles. Quiero. Te juro que quiero y querer es más difícil que no querer. Querer es más difícil que rendirse.

Estoy juntando fuerzas y tengo tanta gente de oro cerca mío que ya no sé dónde ponerlas. Permiso, necesito que te corras. No, ahí no. Más lejos. Más callado. Más frío. Más otro. Menos vos. Menos algo. Más alguien más. Más yo.

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