Extracto de quien fui

A veces juego a que soy otra. Juego a que vuelvo a ser yo, esa que ya no soy más, esa que no era feliz nunca pero esperaba encontrar la felicidad en cualquier lado. Esa que se maravillaba, que creía que todos eran una posibilidad potencialmente

El otro día vi su nariz antes de pasar al lado suyo y supe que era la de él. Una que sólo podía ser suya. Todo el aire que tenía adentro del cuerpo se tiñó de solemnidad, ese es el efecto de visitar estatuas de próceres. Él no fue Sarmiento, pero me enseñó tantas cosas que no me parecería mal hacerle un monumento. Me enseñó sin darse cuenta, lo suyo nunca fue la pedagogía. O quizás me dio acceso a cosas que yo siempre supe pero no pude ver hasta que él me las mostró.

No me fascino más. No es una promesa, no es una amenaza. Me encantaría poder hacerlo, pero creo que perdí la capacidad. Los veo a todos iguales, tan acartonados, con tanto miedo a ser quienes realmente son. Yo no sé quién soy, pero por lo menos no me asusta ser esta incógnita.

Promesas que nunca se cumplen. Personas que no están a la altura.

— Sos muy linda — me dice él mientras me agarra la mano por encima de la mesa de un bar. Un bar al que elegí ir porque sé que nadie va a encontrarnos. No quiero estar más ahí. Mi discapacidad emocional se hace obvia cuando tengo enfrente a un hombre que debería gustarme, y me duele demasiado ver en quién me convertí.

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