APPLE WATCH

La reinvención del reloj en la incorporación del tiempo industrial.

El 9 de septiembre de 2014, Apple desplegó su habitual escenificación para anunciar tres nuevos productos. Dos son nuevos modelos del iPhone, distintas variantes del número 6 en la serie, adquiridos al ritmo récord de diez millones de unidades en su primera semana (el primer iPhone demoró un año en vender un millón).

El tercero es un reloj. El Apple Watch. Como primer rasgo de innovación, elude el prefijo “i” en su nombre. Su lanzamiento se ubica en continuidad con la estrategia de la compañía al arribar a nuevos segmentos de mercado: llegar tarde, reinventarlos y dominarlos.

La empresa es el invitado carismático y efusivo que entra a deshoras, a sabiendas de que todos en la fiesta lo están esperando para definir si lo que les está pasando es divertido o aburrido, cool o intrascendente. La manzana llega con poco tiempo, cambia la música, trae un vermouth extraño debajo del brazo y aunque se sospeche que era la bebida de moda décadas atrás, los invitados se sienten rejuvenecidos al beberla.

En 2001, Apple agregó una nueva acepción al negocio de la música con el iPod y iTunes, cuando los walkmans de mp3 no despegaban y la cadena tradicional de comercialización de discos comenzaba a aburrir. En 2007 combinó teléfonos y pantallas táctiles, lo que le costó la existencia a la empresa Palm. Todos esos usuarios que llevaban años con el incómodo stylus, pero lo justificaban sintiéndose vanguardia, estallaron de indignación al ver a Jobs haciendo gestos sobre una pantalla táctil. En 2010 resucitó a las tablets, un segmento de mercado que hasta Bill Gates había intentado reinventar casi una década antes, y desplazó a las netbooks. En cada ocasión, casi con inmediata posterioridad al lanzamiento, los competidores anunciaron modelos similares que superaban lo que producía Apple, pero se guiaban por los standards que ella había impuesto. La empresa no inventó nada en ninguno de los casos, pero demostró cómo se hacían las cosas.

Los relojes inteligentes son los primeros embajadores de la reciente tecnología para vestir o weareable (aunque no sean para nada “vestibles”, excepto que consideremos como una prenda de vestir a un smartphone adosado a la muñeca o a los auriculares). El Pebble prácticamente inventó el segmento en 2013 con un proyecto en Kickstarter. Un producto muy sencillo pero funcional, que no era mucho más que un reloj algo espartano, con una pantalla de e-ink que se conectaba al teléfono celular vía bluetooth para mostrar notificaciones. En años posteriores se subieron Samsung, Motorola y algunos otros, de la mano de Android, con distintos modelos que no terminaron de masificarse por su costo, similitudes con los smartphones de moda y poca duración de batería. Si hay algo en lo que los relojes se habían destacado en sus versiones analógicas y digitales desde el siglo XVIII, era en que no necesitaban cargarse cada noche.

Apple permaneció fuera de la fiesta del smartwach hasta el 9 de septiembre pasado. En el proceso, fue viendo cuánta gente llegaba al baile, qué traían y cómo se divertían. También se armó de una comitiva de invitados secundarios ligados al mundo de la moda y la indumentaria. Aquí empezaba ya a debatirse si los relojes eran tecnología que se vestía o vestimenta tecnológica.

Tim Cook, nuevo CEO de Apple y sucesor de Steve Jobs, presentó un producto no tan revolucionario como el iPhone en su momento, pero que polarizó a la industria, como todo lo que ha hecho la compañia. Quizás habría que analizar ese porcentaje de gente a favor y en contra con cada nuevo acceso de la compañía a un segmento de mercado nuevo. Mientras que el iPhone significó una revolución para el campo de la telefonía celular (el desplazamiento de los grandes jugadores hasta ese momento, aparición de nuevos jugadores, sin mencionar que todos los teléfonos celulares a once años después no tienen botones), los siguientes productos generaron menor interés, aunque siempre demarcaron el devenir de la industria los años subsiguientes.

Reloj Biométrico

Apple presenta un reloj inteligente, con fuertes similitudes a lo ya conocido. Añade el diferencial de diseño que caracteriza a la compañía, en seis colores y una amplia variedad de correas para combinarlos. El Apple Watch es único, como su portador. Para demostrarlo, combina un set de herramientas biométricas sin precedentes. Es aquí donde expande el segmento y genera una ruptura que puede marcar el devenir tecnológico de lo que consideramos tecnología para vestir.
Los elementos biométricos no tenían nada que ver con los relojes, ni los tontos ni los inteligentes. Fitbit es la compañía más destacada en el campo de las pulseras para entrenamiento. Su modelo Flex es poco más que una cinta de plástico que se viste en la muñeca y es capaz de monitorear ciclos de sueño, frecuencia cardíaca y calorías quemadas. Hasta hace poco era la fitbit o el smartwatch o ambos. La viuda de Jobs los unió en un solo objeto y los incorporó:, en el sentido más etimológico del término, los hizo cuerpo. Desde ahora, van a estar juntos de por vida.

En el sitio de la empresa hay un titular muy conciso sobre la voluntad biométrica de la compañía, dentro de la descripción del producto nos dice que tiene un “exclusivo sensor de frecuencia cardiaca. Para conocerte mejor.”

El mayor interés del capitalismo, desde sus instancias más primigenias, ha sido saber qué hacían los trabajadores con el tiempo, para que no lo desperdiciaran. Taylor inventó una serie de reglas claras, Ford las retomó y las constituyó en cadenas de producción, se metió en la casa de sus obreros y trató de que no fueran alcohólicos ni pendencieros y se atuvieran a la ética protestante del trabajo. El reloj marcaba el ritmo y construía el contexto para el desarrollo de la riqueza. El tiempo era dinero. Marcaba la unidad del cuerpo puesto a trabajar, sin distracciones, para producir más y mejor.

El Apple Watch, el reloj manzana, combina el tiempo biológico con el tiempo industrial. Los segundos ya no son segundos, son medidas individuales de ejercicio, cansancio, ocio y productividad. Según el sitio de la empresa, el reloj tiene un sensor de LED infrarrojos y luz para detectar el pulso, que combinado con un acelerómetro, GPS y Wi-Fi, será capáz de “medir todo tipo de movimiento físico, desde levantarse de la silla hasta el entrenamiento más intenso. Así el reloj, como si esto fuera solo un beneficio para el usuario, brindará información completa de la actividad diaria, proponer objetivos y felicitarte por tus esfuerzos”.

El tiempo biológico no es igual al tiempo mecánico. Lewis Mumford los comparaba en el año 1960, con la consideración de que el tiempo del cuerpo era variable, inconstante y no conmensurable al tiempo mecánico, el cual es una abstracción matemática regimentada en secciones que no existen más que como producto del reloj mismo.

Foucault observó en el bio poder el elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo. La invasión del cuerpo viviente, su valorización y la gestión distributiva de sus fuerzas fueron en ese momento indispensables. Un poder que tuvo como tarea tomar la vida a su cargo, con lo cual se hizo de mecanismos continuos, reguladores y correctivos. Capacitado para distribuir lo viviente en un dominio de valor y utilidad. Debe calificar, medir, apreciar y jerarquizar. La sociedad normalizadora fue el efecto histórico de una tecnología de poder centrada en la vida.

Sin embargo, en el cuerpo actúa la imprevisibilidad. El propio devenir de la vida combate al reloj como producto y creador del contexto de la industrialización avanzada, para aumentar la racionalización, la eficacia y maximizar la ganancia.

El capital buscó sustituir al cuerpo, adoctrinarlo, adecentarlo y tenerlo listo para la producción. Pero esas ya no son las necesidades del poder. El cuerpo, a pesar de siglos de disciplina, aún busca perpetuarse. Las enfermedades son atacadas, la vida sostenida, la muerte evitada y todo imprevisto, acallado, delimitado o en su defecto, anticipado y agendado. De todas maneras, lo imprevisible está en el cuerpo y atenta contra el uso industrial que pueda hacerse de él.

Mientras se desarrollan las nuevas formas de la sociedad de control, las ruinas de la sociedad disciplinaria solo son puntos de referencia de un estadío de poder en permanente abandono. En ese contexto, el tiempo importa menos como unidad de trabajo, que como unidad de consumo. Es preciso medir, no su empleo productivo, sino el ocioso. En el auge del Big Data, con análisis de gigantescos volúmenes de datos básicos para crear inducciones y predicciones de comportamientos masivos, solo hace falta un cruce de tablas de datos para vincular los latidos del corazón con los consumos. El latido de tu corazón, digitalizado, convertido al lenguaje universal de los ceros y unos que solo pueden hablar las máquinas. La colonización del cuerpo por biopolíticas de mercado es la más interesante de las innovaciones de Apple.

Parece que estás agitado. ¡Felicitaciones! Estas son las canciones más escuchadas en iTunes para luego de tener sexo.

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