Mar-Sea.

Se mueve por su universo como el mar en furia, sin parar. Va rápido como un águila por el país de las maravillas. Sus palabras viajan a la velocidad de la luz en un inglés impecable. Se le derrite la cultura y la sabiduría por los poros. Su nombre es Marcie, y es una amiga que me ha concedido el país de la hoja de maple. Yo digo que lleva el mar en dos idiomas por nombre:

Mar-Sea.

Otras veces, no puede moverse. Se queda quieta, con mucho dolor en las piernas. Me explicaba que es su sistema inmunológico, y hemos pasado toda una tarde hablando de temas médicos. Ella, obviamente, domina el 80% de la conversación científica. Yo la escucho, admirando su fuerza. Es un híbrido de ciencias y arte. Jane, su hija, es amiga de Ana, y es un artista nata que dibuja como si respirara. Jair, su hijo, es un geniecito que además toca el saxofón. Muy divertido, sonriente y demandante. Jane es seria, introvertida y muy observadora. Yo siento que todo el tiempo hace storyboards en silencio y en su interior.

De estar hospedadas en un hotel victoriano a todo lujo, no nos ha dejado pagar más dólares, y ha ido por nosotras para llevarnos a su casa, a su mundo, a la pecera donde nadan en libertad. Caminamos, corremos, tomamos el tren del cielo, del mar, cruzamos todo Vancouver a la velocidad del viento con su voz musical que suena a heavy metal algunas veces y otras simplemente a un suave jazz . Tienen un gato y una puercoespín llamada Bowie, como el cantante. Quien lamentablemente ya no respira, también como el cantante. Bowie tenía cáncer y Marcie la cuidaba, le cantaba, le hablaba. Era triste, pero en ese mundo, el filtro para la tristeza es música, arte, libros, café, pelos blancos voladores de Splash (el gato) y lluvia de polen del árbol que cubre la ventana de la habitación principal, misma que nos han dejado a nosotras. Nos trata como reinas en su reino. Le lleva el desayuno a la cama a Ana el día de su cumpleaños. Yo abro los ojos y lo primero que veo es una torre de libros en el buró cada mañana, con una enorme taza de café de grano bien llenita encima. No conozco mejor anfitriona que ella en ningún otro lugar. Estuvimos 4 noches en su casa y 5 días en los que compartimos una tarde de kayak, otra de museo, otra de mar. Probamos su deliciosa comida horneada, probó nuestro inigualable tequila. Cruzamos miles de sonrisas, palabras, e inmensa alegría. Recorrimos English Bay y todo parecía un sueño alucinante.

Porque conocerla a ella solo lo hacen personas como yo. Que se lo merecen. (con cinismo y sin modestia) porque además, ella es un poco como yo, selectiva de momentos y personas increíbles.

Lo que más me gusta de ella es su revolución:

“The Image that you have about Canadians is what most of them would like to be. but they are not”.

Me ha dicho, y me ha dejado en silencio.

“The Image that you have about Mexicans is what most of us, are not”.

Nos quedamos en un silencio minúsculo y confortable, y después soltamos la carcajada, de esas que nos tiran la cabeza hacia atrás.

Ella es el mar en dos idiomas.

She is the ocean in two languages. She is Mar-Sea.

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