Por eso escribo.

Prefiero gastarme la tinta de trescientos sesenta bolígrafos antes de pronunciar tu nombre.

Porque todavía tiemblo cuando te nombro.

Y es así como busco esos lugares fríos de los polos de mi corazón, y, ni los grados bajo cero con más números me han hecho sentir esas ganas de largarme al infierno.

Ni la ciudad de los vientos, ni la blanca y helada niebla de Alemania, ni los icebergs más azules, ni las montañas más frías que he escalado…Nada me ha hecho temblar tanto como tratar de contar tu historia. Y entonces, prefiero cerrar los ojos y sentir dentro dos ríos de agua hirviendo a punto de desbordarse y quemarme por dentro.

Porque nunca he sentido tanto frío como cuando hablo de ti, por eso escribo.