Andrés Ibáñez y el cardamomo

carlos malpartida
Jul 23, 2017 · 4 min read
Andrés Ibáñez. Foto: estaba en internet

No resulta fácil encontrar una crítica a tumba abierta en contra de algún libro o autor. Las más vienen emboscadas y con cosas aquí y allá medio acomplejadas —sin cargar mucho la mano no se vaya a molestar alguien— pero no de frente, en bloque y con ganas de destruir. De destrozar argumentando y razonando, cuidado, que para eso es para lo que vale la crítica realmente constructiva. Así, cuando vayan a buscar setas alucinógenas en los periódicos y se tropiecen con uno de estos textos, una de estas rarezas en extinción, pínchelas con un alfiler y guárdenlas con el debido respeto ya que se encuentran ante un ejemplar único de esos que aparecen muy de higos a brevas.

Es el caso de uno de los últimos Comunicados de la tortuga celeste de Andrés Ibáñez en ABC Cultural. Le mete tantas hostias a Karl Ove Knausgård y a su obra Mi lucha que debe estar pitándole mucho el oído allá en Noruega donde no sé si llega el ABC. «Es un escritor pésimo y el nivel de sus librotes es próximo a cero. Los que hablan de la fuerza emocional de estos libros y de la gran humanidad de K.O.K. deben de estar de coña». Chúpate esa K.O.K. y vuelve a por otra. El caso es que tú entras en cualquier librería y tienes que ir saltando las pilas de los libros de KOK con pértiga ya que son unos libracos de no te menees. La pereza que da KOK de primeras es considerable (salvo por la foto de chulazo homeless de las cubiertas) pero como tiene tantos palmeros y son tantas las buenas y excelsas críticas uno no sabe porque uno es semianalfabeto y le entra la ansiedad. Ese picky picky nervioso de que ya estás dejando de leer otra obra cumbre de la literatura noruega y universal (si no es lo mismo). Menos mal que encuentras una voz disidente de la vereda común y se te pasa: «No es poesía. No es una obra de arte. Carece por completo de ambición artística». «Este debe ser, sin duda, uno de los libros más insípidos y vacíos jamás escritos». Es más, te congratulas, no sin cierto regocijo y maldad, de seguir limpio de KOK más allá de los suplementos culturales y de estar en el lado bueno del KOKismo, el lado negacionista.

Recuerdo cuando me cruzaba en la estación de metro de Islas Filipinas de Madrid con Andrés Ibáñez hará como doscientos mil años. Él venía de la Escuela Oficial de Idiomas que había por allí y yo venía de otros asuntos que ahora no vienen al caso. La verdad es que los escritores en carne mortal pierden mucho y tienen más aspecto de auxiliares administrativos que de hombres que vuelven de pescar salmones con sus propias manos. Pero basta un profundo estudio de la biografía de Andrés Ibáñez (la simple solapa de su libro El perfume del cardamomo) para darte cuenta que detrás de esa planta de hombre corriente hay todo un señor de acción y un tío al que seguir y leer muy des-pa-ci-to: músico de jazz, creador de obras de teatro off en Broadway, crítico de música clásica y escritor para «paladares exquisitos» como el mío. Más vidas y más lecturas (si no es lo mismo) que las que viviré nunca aunque naciera tres veces.

Me he estudiado estos veinticinco cuento chinos que reúne El perfume del cardamomo (lo de escribir cuentos chinos ya tiene su mandanga) con el recuerdo de la reseña sobre Karl Ove Knausgård para ver si lo pillaba en algún renuncio y pudiera decir yo también que era una castaña pilonga de cuidado. Pero no es el caso, muy al contrario: «Benditos los que escuchan, los que miran, los que perdonan y los que aman. Benditos los que se asombran. Benditos los que creen en la belleza. Benditos los que buscan espejos enterrados en la arena. Benditos sean los deliciosos y los delicados. Benditos sean los felices». Los deliciosos y los delicados. Hermoso. El entusiasmo y la búsqueda de la belleza de Andrés Ibáñez se pega al cuerpo más que la arena de la playa por lo que si hay que elegir (siempre hay que elegir) quédense con el cardamomo que a los Karl Ove Knausgård de la vida ya los leen los críticos que son los que saben de esto.


El perfume del cardamomo. Cuentos chinos. Andrés Ibáñez. Impedimenta. 2008.

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