El chalequito salvavidas

El policía y el buzo.

El salvavidas pegado al pecho como un sudario naranja y marino. Qué ridículo resulta eso de salvavidas cuando no evita el ahogamiento y se queda clavado al cuerpo como una boya marcando con el neón plástico propio de los salvavidas el punto flotante de la muerte.

Han pasado pocas semanas desde que un crío apareciera varado en las arenas de nuestros móviles como un molusco blanco con zapatitos y esta semana hemos podido ver esa otra foto de una nueva niña ahogada. Ésta, panza arriba como un cangrejo con chaleco y arrastrada por un buzo. Por un momento intento ponerme con dificultad en el traje de ese buzo y me abrasa el neopreno.

Pocos días entre ambas fotos. Poca importancia ha tenido la del salvavidas mientras que la otra ha disfrutado de un impacto global, «impacto global» que dicen los cursis y aquellos que venden cosas globales. Tal ha sido el fenómeno con la imagen del niño en la arena que se ha desfigurado hasta llegar a convertirse en un nuevo meme. La muerte, tan global ella, también tiene sus memes para compartir. La muerte mediática actual es un julioiglesias de lo trágico con su sonrisa blanco miami y su dedo señalador. Memes como estampitas del puro espanto pero con muchos likes.

No ha querido la red que la nueva foto triunfe en clics (el clic es el éxito global). Seguramente por la posición de la niña, por el efecto mitigador del salvavidas al que por lógica se le suponen más posibilidades o porque carece del detalle estético de los zapatos con las suelas de la vida por estrenar. Resulta cruel decir que hay algo «bello» en la primera de las fotos y sin embargo es «bella» por composición, encuadre y simbolismo. Esa «belleza» que fija la imagen cosificando lo muerto. Otra de las razones puede ser el hecho de que no haya pasado el suficiente tiempo entre ambas imágenes y no vamos a compartir otra vez el mismo tema habiendo tantísimas otras cuestiones saltando en la pestaña de las notificaciones. En el fondo, el que más y el que menos tenemos que cuidar muchísimo la marca personal y la reputación online (tiene su mandanga lo de la reputación online).

La viralidad es caprichosa y en el morirse tampoco va a ser distinto aunque sean críos los protagonistas, o precisamente porque son críos. El caso es que comparo las dos fotos y veo algo de agravio ante la fama arróbica. Del primer niño sabemos prácticamente todo y le han escrito coplas todos los columnistas patrios (los grandes, los medianos y los smart). La niña no ha llegado a estrella, a lo mejor a algún FAV aislado, pero poco más. No ha triunfado de forma tan abrumadora, es un borrador al que hay que darle una vuelta. No disfrutará del éxito de morirse en las redes sociales, de las menciones en Twitter, de los me gusta en Facebook (precisamente ahora que también tiene esas simpáticas caritas). Tendrá que conformarse dentro de la caja de su foto con las lágrimas humanas del buzo que le empanan de salitre el chalequito del corazón.

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