La France: el pre viaje

Como ya sabéis, porque habéis visto las fotos, en Semana Santa me fui de gira por el sureste de Francia con dos seres humanos de competición.

Las expectativas en lo del comercio y el bebercio.

El coche lo pusieron ellas, el recorrido lo diseñé yo — porque es lo que hago, organizar cosas — y la intendencia fue a medias. Lo de la intendencia lo organizamos tan fuerte y tan poseídas por el espíritu de una abuela rural que no tuvimos prácticamente que comprar nada en una semana — al precio de haber dejado desabastecidos todos los hornos de València y los supermercados de Salamanca — . Hasta mi madre nos largó un paquete de carne seca, que es una cosa que te hace sentir un poco como Genghis Khan atravesando la estepa.

A ver si hay hueco para dejar el caballo y que no sea zona azul.

Hicimos una lista de música para el viaje llena de gritesjits. Y cuando nos quisimos dar cuenta ya era el día. Parece que estas cosas no van a llegar nunca y, cuando ya casi te has olvidado, te arrollan. Así que, siguiendo los dos puntos principales de mi filosofía de vida: a) yo he venido a concursar y b) de las vacaciones se aprovecha cada segundo aunque reviente, salí de trabajar el miércoles y un par de horas después ya estaba metida en un autobús en dirección a Barcelona.

Mi aproximación a las vacaciones.

A Barcelona llegué 11 horas después.
Después de haber visto Lock, Stock and Two Smoking Barrels, haber dormido como 26 minutos a la altura de Lleida capital y que el autobús, por lo que supe después, casi atropellara a un corzo en Soria.

Imágenes de mi llegada a Sants.

Así que nada, saludé a la familia, desayunamos, hice algunas cosas locas:

Me di una vuelta de reconocimiento por Sarrià y acabé en L’Illa.

Hay que decir que sí, que me compré las mallas para correr. Y que ya las he estrenado. Quiero aplaudir la iniciativa de ponerles bolsillos para poder llevar las llaves y el móvil. Me alegro de que por fin hayan entrado en razón los diseñadores, rectificar es de sabios y más vale tarde que nunca.

Luego de vuelta a comer con la familia y a Sants otra vez a coger el tren a Girona. En Girona me estaban esperando en la estación y ahí sí que podemos decir que empezó el viaje.

Road trip!

Eso ya para otro rato.