10 años después

Hace diez años llegaba Robert desde La Habana a Lima tras cuatro años de trámites para sacarlo de la isla. Llegó al aeropuerto con cincuenta kilos, una mano adelante y una atrás, solo con una mochila de mano y un tubito de cartón con el título de contador dentro. Se le notaba asustado, así que le dije: mira mi hermano, en diez años, vas a estar 10 veces mejor que yo. Incluso más gordo, vas a ver.

A los tres meses yo partía a Montevideo y Robert empezaba su periplo para llegar a los Estados Unidos. Yo sólo tuve que hacer una escala en Buenos Aires y cruzar en barco. A Robert le tocó estar preso en Lima, estar preso en Haití, en Guatemala y también en México. Anduve dos meses sin saber de él hasta que me llegó un mail donde informaba que había logrado cruzar la frontera. Ese día los huevos me volvieron a su lugar.

Diez años después, me viene a recoger a la terminal en su camioneta blanca enorme del año y me lleva a su casa de casi un cuarto de millón a quince minutos de Filadelfia donde vive con su esposa argentina y mi sobrino de año y medio. Me cuenta que ya empezó a trabajar de contador para dos empresas, mientras me hace el recorrido por la casa.

Llegamos al jardín enorme -en el que entra un departamento del tamaño del mío en Montevideo- donde le pregunté si se acordaba lo que le había dicho iba a suceder en diez años cuando nos encontramos en el aeropuerto de Lima.

Antes que me responda, le dije: ves? te dije que ibas a estar más gordo que yo.

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