Gracias Hijito

Imagen: Guille Segovia

La foto que acompaña este texto es de mi amigo Guille Segovia. Me generó un nosequé encontrar otra persona en el mundo que también va a cumplir su deber ciudadano en pijama. Yo también, desde los dieciocho años me apersono a sufragar en pijama. Siempre. Ni cábala ni capricho. Me gusta y punto. Un día casi no llego a votar y tuve que salir tal cual me levantaba y desde ahí me quedó la costumbre.

La elección pasada, en Montevideo, seguí con la tradición, pedí un taxi desde casa y me fui a votar. El taxista, elegante él, no hizo comentarios, pero se corroía por dentro, se notaba. Además tenía mis pantuflas de leoncito.

En un semáforo aprovechando la luz roja, se acerca una señora a preguntar una dirección. Por el acento supe que era más peruana que la papa. También iba a votar, así que le dije que se suba. Y apareció el esperado Gracias Hijito que es de lo más peruano. Hijito, solo te dicen en Perú.

Llegamos a la iglesia donde nos corresponde votar a los peruanos en el extranjero. Otro Gracias Hijito con besito y la tradicional palmadita en el cachete, muy de mamacha peruana amorosa para después cada uno ir por su lado a buscar su mesa de votación. Sentía algunas miraditas por mi atuendo pero es raro que me hagan un comentario directo. De pronto escucho detrás mío una voz femenina que le decía a alguna amiga suya mirá boludaaa como se vistió el morocho, vite?.

Si bien utilizaba toda la terminología y cantadita uruguaya (incluso se comía las eses, como acá), había algo de extraño, de forzado.

No me gusta que me digan morocho. Soy negro, así que negréame con confianza, mamita. Si me vas a desteñir, hazlo con propiedad. Beige Copacabana o caoba capulí, bienvenidos. Morocho y aledaños…tu tía.

Así que me di vuelta y me encontré con una coterránea. Me causó gracia pues por experiencia, nadie migra de acento tan fácilmente. Pasar del pollo al posho no es sencillo. No es changa como se dice acá. Ni lindo, tampoco. Al menos yo llevaba un lustro e Uruguay y seguía tratando de mantener mi acento afroandino acorde a mi tonalidad beige copacabana.

Le tiré mi mirada de y…bueno, sigue con tu vida que es domingo y hay sol.

Qué necesidad de andarse metiendo en la vida del otro, pensé, pero bueno. Seguía rumbo a mi mesa de votación, cuando escucho a mis espaldas que (me) grita

Tu ropa como que no combina con tu edad!

- Y tu cara tampoco con tu acento, hijita!

Se oyó por todo el recinto y estallaron las risas de toda la colectividad. Tuve que voltear a ver si esa voz era la que yo pensaba. Y si.

Al fondo, la señora del Gracias Hijito. Me miró, me mandó un besito volado y siguió.

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