Lágrimas en el alma

Ella tiene un andar azul y despreocupado, una mirada morada y profunda y una sonrisa verde y cautivadora. Conoce la verdad, aunque le ha sido escondida por su propio bien, aún así quiere y cuida a sus hermanos sin ningún pesar y con un fuerte instinto de madre, es la hija de en medio: 18 años. Siempre he visto en sus ojos algo tan profundo como su historia misma: nació en cuidado de su madre porque su padre se fue, y quien fuera el nuevo amor de su madre se haría cargo de ella, su padrastro, ella cree que el rostro masculino de al frente es su padre pero no es así y a sus tiernos 15 años al momento de partir hacia una fiesta su madre, llena de temor y angustia, decide confesarle la verdad porque sería difícil ver a su hija creer en algo que no es verdad, el hombre que ha pasado tantos años a su lado criándola y dándole de comer no es su padre y al parecer todos siempre lo han sabido excepto ella, como sería natural de quien recibiera tal noticia: tantas lágrimas que los ojos pierden su razón de ser y se empañan tan profundo que inundan el alma, sí, ella tiene lágrimas en su alma.
Como estuviera en su sangre conocer a su padre comenzó la travesía de casi 3 años para conocerlo, naturalmente el primer paso fueron las preguntas a su ser interior ¿por qué no me lo habían dicho? ¿qué paso con mi padre biológico? ¿tengo más hermanos o hermanas? ¿quién más sabía esto? ¿por qué me lo dicen hasta ahora? ¿cómo es él? Después de las preguntas vendría la su búsqueda en el Registro Civil y en Facebook, en busca de un rostro que asociar con la palabra padre y la imagen de tantas preguntas sobre las que aún no podía obtener respuesta, a pesar de todo los años no dejan de pasar y entre tantas preguntas su madre logró encontrarlo a unos cuantos días de que ella cumpliera 18, y ¿el encuentro?: casual, en un restaurante cerca de casa para que pudieran conversar a través de más de 10 años de incertidumbre a solas, un tipo barbudo que resultó dar una muy buena impresión, incluso terminaron en un bar sonriéndose el uno al otro. Pero lo más notable del encuentro fueron los días y momentos previos a el, en término de dos días sucedió todo, primero su madre lo localizó y al día siguiente lo invitó a casa para que conociera a su hija de casi 18 años, pero los minutos antes del encuentro fueron los más interesantes para mí: su andar no era azul, su mirada no era morada y su sonrisa no era verde, una ola de nerviosismo se apoderó de todo su cuerpo y jamás la había visto así, incluso la vi sonrojarse porque sus nervios se apoderaron de sus palabras también y quizás dijo algo que creyó no debía decir, por lo menos no a mí, ese ha sido el momento más valioso su amistad, ver tanta preocupación por conocer la verdad tras esos ojos adornados con cejas difuminadas vale su peso en oro así como estar presente y consiente de ese nuevo capítulo para ella.
Por alguna razón que aún no comprendo, desde que la vi por primera vez hace un par de años me pareció interesante pero hasta el día de hoy aún no sé por qué, no sé si fue su lejana mirada, su forma de andar o quizá solo el extraño presentimiento de que nuestros caminos se cruzarían en algún lugar para que yo escribía un poco sobre su historia, no sé, aún lo sigo descifrando y este escrito es una prueba vida.
