Obra de un suicidio

Matilde- No tengo absolutamente ningún motivo para considerar importante la mantención de mi existencia en cualquier o alguna parte. Poseo solo propósitos predispuestos de manera directa por alguien o algo más, no perteneciente a ninguna parte de mi ser; cuidar a mis padres por todo lo que por mi hicieron, sé de ellos que no son felices verdaderamente, fingen como yo pretendo hacerlo por el resto de algunos días pues es para mí inevitable caminar durante el invierto bajo las oscuras nubes y las desoladas calles del pequeño pueblo en el que resido desde que nací pensando en lo poco valioso que se me antoja el aire que respiro. Parece lo anterior una descarga típica de aquel que bajo su repertorio literario tiene a Nietzsche, Kafka y Hermann Hesse, en una noche de sueño arrebatado por algunos profundos días pero en realidad no lo es. Es más que eso y sería atrevido decir que es más complicado que la Carta al Padre. Sí, lo es, es más complicado, es una patología que reside en mi y peor aún, en el ser que vive dentro de mí. Las arrugas en la cara son realmente arrugas en el alma, no están realmente afuera como nadie se detiene a pensar, están muy adentro. Me pertenece tal condición, soy absolutamente todo lo que no quiero ser pero siendo otro tampoco sería lo que quiero ser porque lo que quiero ser es sencillamente dejar de ser. Nunca haber existido me resulta lo más complicado en pensar o decir porque es imposible pensar el significado de esas palabras. Formular sonidos con las cuerdas vocales es realmente simple pero descifrar que esos sonidos tienen un significado y luego buscar un “¿cuál?” para ese significado es un sin sentido. Somos seres sociales fallidos. Busco construir oraciones desunidas y confusas entre sí porque es mucho más notorio su desacuerdo y sin sentido, prefiero eso a usar oraciones que parezcan simples y tengan un significado consensado pero induzcan a un notorio error. Error visible no invisible. ¿Hasta adonde hemos llegado? Bueno, sería muy estúpido preguntar eso pues definitivamente no vamos hacia ninguna parte, no empezamos ni terminamos, tal cual eso que hemos llamado racionalidad o en otras palabras fines, cada fin es al final un medio y de esto en esto se nos acaba la vida. Algunos tienen el mentiroso opio de dar sus últimas palabras y sentir que pueden irse como si alguna vez hubieran llegado de alguna parte, pero para sus realidades esto fue y ya no será suficiente. Otros seres corren con más suerte, “se van” sin tener que echar una mirada hacia “su pasado” y hacerse preguntas sobre las que no tienen suficiente tiempo para contestar porque estúpidamente o muy atinadamente nunca se lo preguntaron antes. Nunca he visto realmente ojos de sufrimiento más que los que veo en el espejo y dije nunca porque puedo estarme mintiendo como regularmente lo hago pero espero estar diciendo algo más que combinaciones raras de palabras que se tornan en lo que algún ser en el transcurso de su vida ha tomado por verdad. Ingenuamente yo he postergado mi suicidio y a esa idea le he dado y estoy segura de que aún le doy mucho estúpido valor pero es esa mi salud. Si es que algo me pertenece es la salud de postergar mi suicidio. ¿Habrá alguien dispuesto a leer esto? porque yo no lo haría, pero no lo haría porque mi verdad es muy liviana para escuchar las experiencias de los demás, cualquier otra verdad sería más pesada que la mía y eso me asusta porque en esta verdad nunca estoy cómodo, la comodidad me proporciona solo dolor de alma, en ningún lugar lo estoy ni espero estarlo jamás pero constantemente me engaño y en este punto comienza la fuerte hipótesis sobre lo indecisa que soy, no hablo de ningún tema concreto, me saboteo a mí misma, confió en el lector pero no en mi misma, tengo un alto aprecio por la muerte pero valoro tanto la vida como para hacer una alta distinción entre una y la otra cuando son, las dos, solo cosas del tiempo y nada más. Sí, son estas mis últimas palabras y espero que eso le dé más vida a las letras recientemente recitas pero señoras y señoras, todo eso no importa porque ustedes han venido esperando algo más o quizá algo menos pero esperaban algo y aquí ciertamente no hay nada, absolutamente nada.

En la sección de lácteos del supermercado se presenta la escena.

Lucio- Clarissa, quiero escribir un cuento pero se me torna muy difícil.

Clarissa- Esa camisa se ve increíble en ti; modesta, pacífica y muy culta. No necesitas otra.

Lucio- ¿Pero por qué no compramos queso Manchego en vez de queso Turrialba?

Clarissa- Lucio, por favor sé más directo.

Lucio- Está bien, no llevaremos queso, está muy caro de todos modos pero sí debes saber que nada es lo que parece Clarissa. ¿Quieres escuchar sobre que trata el cuento?

Clarissa- Sí pero por favor no olvides las cervezas.

Lucio- Trata sobre un hombre que busca subir una montaña pero el peso de sus recuerdos no lo deja continuar así que durante su ascenso tendrá que escoger que recuerdos para olvidar hasta que una vez llegado a la cima ha olvidado porque ha querido subir a la montaña.

Clarissa- Hey eso ciertamente suena increíble, me gustaría leerlo, estoy segura.

Lucio- Bueno, de todas formas me abruma la idea de pensar en todo el trabajo que aquella gran idea necesitaría para ser honrada en la larga transición de un cuento así que será oficialmente postergado y solo un mito.

Clarissa- Sí, lo sé, hay golpes muy fuertes como el odio de Dios Lucio, Cesar Vallejo lo sabía al igual que es espectador sabe que esto es una actuación y que no vale nada porque brinca por los detalles de manera irresponsable; no hay otros compradores, no hay dinero, no hay bullicio, no hay nada. Mejor acabemos aquí.

Lucio- ¡Pero mira Clarissa, Matilde se ha dado un disparo en la cabeza!

Clarissa- ¡Bendita sea! Ahora esta obra parece tener sentido.