Carta Para Nadie II

En la vorágine de emociones y sentimientos que me pasan de día a día, entre canción y canción, en ocasiones me descubro escribiendo cosas como la que leerán a continuación. Cansado de escribirlas en el aire he decidido plasmarlas aquí para inspiración o recreación de usted, mi querido lector. A pesar de lo que usted pueda creer, éstas cartas tienen un destinatario en blanco. O no. Lo dejo a su elección.

Querida mía:

Éstos días han pasado de una forma tan líquida entre mis dedos. De un detalle a otro, hay días que me saben a un dulce vino y otros a un frío café, a un café sin tus caricias. Días que he tenido que soportar mirando por la ventana y caminando entre la gente, como queriendo demostrarme que el viento y el sol llenan el vacío que dejaste en mí.

Poco he sabido del resto de la vida, del resto de los demás y mucho menos de ti. Me he vuelto preso de soñar despierto, de vivir en otra realidad.

Soy preso de soñar con tu sonrisa que se repite en mi mente a cada paso y provoca en mí un sublime estado, un estado que me hace creerme invencible. Bailo, canto y grito, como si fuera el último día en que estaré vivo.

Soy preso de soñar con tus gestos y tus clichés. Ahora escucho tus frases en las canciones que siempre disfrutaste y me descubro haciendo los gestos con los que me enamoraste. Hoy soy yo quien ríe con aquellos chistes que repetías hasta quedar sin aliento y me lamento por todas esas ocasiones en que no me permití entregarme a tus cosquillas.

Ahora soy preso de besarte con cada sorbo que doy a la taza que me regalaste y soy preso de acariciarte en el suéter que con tus abrazos llenaste de tu perfume.

Te mentiría si te dijera que has dejado de ser lo primero y lo último en que pienso cada mañana. He repetido tantas veces tu nombre que hasta mi almohada me ha preguntado todo sobre ti. Y se ha vuelto una excepcional confidente, limpiando mis lágrimas y ahogando mi llanto a la mitad de la noche para abrazarme cuando, rendido, cierro los ojos para volver a soñar contigo.

Aquí me tienes encerrado en tu recuerdo, esperando el día que con tus besos me des libertad. Esperando el día en que tu cariño, mi guardián en esta prisión, me deje escapar.

Y esperando tú seas feliz en tu libertad, te dejo aquí un beso y un hasta pronto. O un hasta nunca. O un hasta siempre. Lo dejo a tu elección.

A.