Una grieta recorre el feminismo

Aunque no llega nunca ser TT, la discusión en Twitter sobre si trabajo sexual o prostitución es cada vez más recurrente y se pone cada vez más áspera. No pretendo ser vocera de nadie, sino esbozar algunas líneas que nos permitan abordar o relacionarnos con el tema de otra forma.

Lo que sigue es un párrafo enorme en el que cuento quién soy y cómo llegué a esto: yo misma no soy trabajadora sexual ni soy ni fui prostituida/me prostituyo/prostituí. Soy (casi) socióloga, empleada pública, feminista, disidente sexoafectiva, porteña, clase media. Vengo del abolicionismo (no puedo poner un link porque sería faltar a la verdad, nunca fui de un espacio estrictamente abolicionista, era una postura política que llevaba a la práctica en donde estuviera) y fui cambiando de idea a medida que fui escuchando las voces de les trabajadores sexuales, leyendo material, participando de charlas y espacios de debate como las reuniones del FUERTSA.

Ahora sí, vamos.

¿Qué es el abolicionismo? Es una postura teórica, ideológica, política que entiende -en líneas generales, con MIL matices- que nadie puede consentir su propia explotación sexual. No es necesariamente una postura moralista ni pacata en términos sexuales. Muchas veces se toma la postura de algunas feministas estadounidenses como la matriz del abolicionismo, aunque como toda postura tiene otras versiones y referencias también. O se equipara abolicionismo con prohibicionismo. Mientras la primera postura busca erradicar la prostitución garantizando la inserción en el mercado laboral a través de políticas públicas o apoyo comunitario, etcétera; la segunda busca, justamente, prohibir toda relación sexual (en términos amplios) mediada por el dinero o símil; un caso conocido es el de Suecia en donde lxs clientxs son perseguidxs por las fuerzas de seguridad y la justicia.

En nuestro país, la legislación es ambigua. Lo que está penalizado es el proxenetismo (es decir, el trabajo sexual autónomo, ejercido voluntariamente por una persona que puede dar su consentimiento y lo hace en una relación contractual más o menos informalmente con unx clientx no está penado; y lo que no se nombra no existe, lo que no se prohíbe, se habilita). Así como, por supuesto, está penada la trata de personas. En muchas campañas de organizaciones políticas y sociales se establece una equivalencia entre trata de personas y prostitución, lo que lleva a uno de los primeros problemas. No siempre la prostitución es forzada, no siempre que la prostitución es forzada es porque la persona fue tratada. Esto lo admiten les abolicionistas de nuestro país, aunque a veces se desdibuje un poco en el fervor discursivo y político, sobre todo en los 140 caracteres de twitter.

¿Y el trabajo sexual? Cuando decimos trabajo sexual estamos parándonos desde otro lugar, no necesariamente opuesto pero sí en una clara discrepancia con quienes consideran que nadie puede consentir su propia explotación. La postura regulacionista plantea que las personas efectivamente pueden elegir ser explotadas porque en el capitalismo, todes les trabajadores somos libres y estamos igual de condicionades, trabajemos con la parte del cuerpo con la que trabajemos, y elles eligen (dentro de un abanico limitado de opciones, como el de casi todes) el trabajo sexual como forma de ganarse el sustento y sobrevivir. A partir de acá es que se le exige al Estado que reconozca a esta actividad como laboral de manera de poder inscribirse en el monotributo, armar asociaciones cooperativas de trabajadorxs sexuales, etcétera. Porque el tema es que si bien el trabajo sexual autónomo no está prohibido, como dijimos arriba, sí están criminalizados los entornos en los cuales se ejerce este trabajo/actividad. Así es que se cerraron las whiskerías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los departamentos privados están puestos bajo la lupa de las investigaciones judiciales por causas de proxenetismo y/o trata, el ofrecimiento de trabajo sexual en la calle también es perseguido por los códigos contravencionales, etcétera.

Si las posturas están tan delimitadas pero pareciera que puede haber un punto de unión (les abolicionistas piden la derogación de los artículos de códigos contravencionales y de faltas que estigmatizan y criminalizan a quienes ejercen la prostitución; les trabajadores sexuales también piden alternativas laborales para quienes no quieren trabajar más de esto o consideran que están siendo explotades y combaten la trata de personas), ¿por qué hay una grieta que resquebraja el piso del feminismo local que termina con la piña a una compañera de AMMAR en Chaco y con usuarias de Twitter que se sienten violentadas por las respuestas de referentes regulacionistas? Se me ocurren varias cosas para decir.

Una es que confundimos las ideas con sus portavoces. Capaz si diferenciáramos a las causas de sus referentes, sería más fácil. Une puede tener una postura política y no coincidir con la forma en la que esa idea está siendo expresada o incluso une puede no acordar con la forma de militancia o lo que sea, pero estar de acuerdo en general con una postura. No necesariamente por ser abolicionista, una persona tiene que acordar 100% con las organizaciones o personas que llevan adelante esa agenda. Y viceversa, querer derechos sexuales para les trabajadores sexuales no implica que ahora tenés que estar 100% de acuerdo con sus vocerxs y te tenés que poner la remera. La lógica de la orgánica no siempre funciona ni nos sirve, sobre todo en épocas de doble/triple/lo que sea militancia y de más actividad política por redes sociales que en agrupaciones.

Otra cosa es que hablamos en el aire, en general. Solemos leer tuits o escuchar comentarios sobre prostitución/trabajo sexual y responderlos sin googlear, chequear, pensar sobre el tema. Detrás de un tuit o un comentario en un taller, hay trayectorias vitales, hay posturas políticas, hay construcciones discursivas, y todo siempre es precario y poroso y falible. También hay pertenencias institucionales y políticas. Hay acuerdos. Hay estrategias. Hay improvisación, por supuesto, pero también hay todo eso. Y todo puede fallar, todo puede ser errado, todo puede mejorar. Cuando una trabajadora sexual o una persona en situación de prostitución actual o pasada dice algo en redes, lo dice con una carga que quienes no pasamos por esas circunstancias no entendemos y capaz ni siquiera podemos empatizar porque no tenemos ni idea. Por supuesto, cuando cada une cuando habla lo hace desde sus circunstancias y experiencias y no podemos pedir que todes nos tratemos con esa distancia y cuidado, como si tuviéramos que escribir con guantes para no romper nada. Pero sí me parece que obviamos muchas cuestiones solo porque no nos tomamos el tiempo de ponernos en el lugar de la otra persona a la hora de responder y a veces terminamos bardeándonos entre nosotres no en términos políticos sino personales.

¿Cuál es el problema con que nos bardeemos? Que perdemos de vista que aunque tengamos diferencias que pueden ser irreconciliables, igual, todes nosotres tenemos un enemigo en común que es el heteropatriacado capitalista que nos carcome el alma y el cuerpo y nos va dejando cada vez más a la intemperie, cada vez más soles, más desprotegides, más bestialmente pobres y desolades. No soy ilusa, todes nos podemos acusar de hacerle el juego a la derecha, al patriarcado, a lo que sea, pero en vez de buscar puntos de coincidencia que nos permitan convivir y apoyarnos en las luchas de otres cuando lo necesitamos (en vez de tejer entre nosotras, habría dicho Lohana), estamos peléandonos y dejando de dar los debates que tenemos que dar (sean cuales sean según nuestras agendas).

Si no tienen una postura tomada, pregunten, busquen, lean. Material sobre esta discusión sobra. ¿Tienen que tomar una postura? Capaz que no. Yo creo que sí, pero porque pienso que toda postura como todo en la vida es precario y que une va cambiando de posición con el tiempo y que acordar con algo no es comulgar ciegamente con una persona o una organización, ni de una vez y para siempre. Nada que sea apoyo ciego me gusta, aunque la orgánica sea necesaria a veces, pero esto lo charlo con mis amigues. Si toman una postura, pueden elegir su grado de compromiso, ir buscando formas de intervención que les convenzan, con las que se sientan cómodes. Soy de la idea de que es mejor tomar una postura y activar que quedarse en casa preguntándose mucho, pero así me he dado la cabeza contra la pared mil veces, qué se yo. Pero pregunten, busquen, investiguen, discutan, peleénse si es necesario, pero no pierdan de vista que el enemigo es otro, no nuestres compañeres.