El uso de la tecnología

Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Nicholas Carr

Ayer terminé de leer un libro que me ha puesto los puntos sobre las “i’s” en muchos aspectos de la tecnología y su uso, se trata de “Superficiales” de Nicholas Carr. Un libro que me recomendó Rupert, un inagotable lector al que conocí gracias a la red, gracias a lo social, y al que a estas alturas ya considero un buen amigo. La red nos ha abierto un enorme abanico de posibilidades, entre ellas hacer buenos lazos con gente afín a nosotros, con los que compartimos intereses, o con los que simplemente conectamos, nos entendemos, intercambiamos opiniones e interesantes conversaciones.

Pero no todo es de color de rosa en el país de las maravillas. La red, su enorme crecimiento y su permanente acceso por medio de dispositivos móviles también entraña un lado oscuro. Con lado oscuro no quiero dar a entender que puesto que existe dicha oscuridad lo mejor sea apagar todos nuestros aparatos, desconectarlos de la red y volver a la edad de piedra. No, más bien es justo al contrario. Hace pocas semanas publiqué un post en el que compartía mi experiencia tras un tiempo de aislamiento del entorno 2.0. Siempre me han inquietado las implicaciones de un uso intensivo de las redes sociales, blogs, feeds, y toda la avalancha de nuevos contenidos que permanentemente está disponible en nuestros terminales. Si me ha inquietado ha sido porque cuando he estado enfrascado en todo aquello que disfruto tanto he dejado de lado otras aficiones que requerían de mayor calma y concentración. “Superficiales” me ha permitido comprender las razones. Lejos de demonizar el uso de la tecnología y de la web, es una invitación a la reflexión profunda. Un llamado a la elección de qué es realmente lo que queremos obtener y dejar escapar.

Nuestro cerebro cambia

Uno de los puntos interesantísimos del libro es su análisis, no exento de buenas referencias a diversos estudios, del funcionamiento neuronal de nuestro cerebro, y de cómo el uso de la tecnología, el uso intensivo de la navegación web cambia las conexiones que se generan. Su tesis es que las conexiones se generan y mantienen por la actividad que se les da. Si dejamos de hacer o pensar algo, las conexiones que estaban activas para dicha actividad se irán apagando para dar lugar a nuevas conexiones que son activadas para nuevas actividades. Tenemos un sistema neuronal muy versátil, que se adapta muy bien a las necesidades.

¿Pero qué ocurre cuando delegamos nuestra memoria a los recordardatorios de nuestra app favorita de tareas? ¿Qué pasa cuando cualquier cosa, que en otro momento hubiesemos querido memorizar y retener, la enviamos a Evernote? ¿Qué le ocurre a nuestro sentido de orientación cuando ir a un sitio desconocido se limita a abrir Google Maps e ir siguiendo las instrucciones por voz que la aplicación nos va dando? Muchas facetas que antes requerían de un ejercicio de memoria y atención hoy han sido relegadas a esa memoria externa que llevamos en nuestros bolsillos. Hemos substituído una memoria que aprende y conecta conocimiento, que absorbe, suma y saca conclusiones, por una mecánica que nos ahorra tiempo y esfuerzo.

La lectura acelerada, avalancha de distracciones

Otro aspecto en este sentido, también muy interesante, son las implicaciones de la web. Sin duda la mención a Google era imprescindible, pues fue dicha empresa a la que debemos el internet que hoy tenemos, y eso tiene mucho de bueno. La aportación del buscador a la web ha sido imprescindible y muy enriquecedora. Sin embargo Google es una empresa, que espera obtener grandes beneficios del servicio que presta. Y nos ha servido una web llena de distracciones. Los anuncios y los enlaces son el corazón de la red. Es gracias a ellos que la red subsiste y se nutre. Pero al mismo tiempo suponen una distracción que tiene grandes implicaciones neurológicas. Cuando estamos leyendo un post y nos encontramos con un enlace o un anuncio, en milésimas de segundo hemos decidido que hacer con él (¿Clicamos o no?). Si entramos en dicho enlace la distracción es mayor, se nos abre una nueva web y perdemos la lectura que estabamos haciendo. Si desestimamos dicho enlace, tendremos que volver a la atención del texto que estabamos leyendo. Esto lo hacemos tan rápidamente que casi ni nos damos cuenta de ello, pero constantemente nuestro cerebro está trabajando esta clase de decisiones. Esto agudiza nuestra capacidad de tomar decisiones rápidas, de intuición, etc… pero la gran sacrificada es la concentración.

Creo que el libro está escrito hace unos años. Ya que el aspecto de distracción se ha ido incrementando conforme ha ido pasando el tiempo y la tecnología ha ido avanzando. Hoy las distracciones no se limitan a la navegación web, hoy sea lo que sea que uno esté haciendo el móvil de pronto vibra, una notificación suena, reclamando nuestra atención. Este proceso cognitivo que está tan bien expuesto en Superficiales hoy lo realizamos infinidad de veces a lo largo del día.

La lectura profunda ¿En vías de extinción?

El análisis que hace sobre la lectura es, bajo mi punto de vista, espectacular. Tanto por su información histórica del proceso de alfabetización, escritura y lectura como de la actualidad del tema.

He comentado antes que nuestro que tenemos un cerebro muy versátil, muy adaptable a las necesidades. Pero también es cierto que es acostumbrable. Cuando se generan nuevas conexiones en nuestro cerebro, éste busca sacarles partido. Los patrones nacen para repetirse. Las conexiones neuronales se afianzan.

Estamos acostumbrando a nuestros cerebros a constantes estímulos, satisfacciones constantes. Contenidos rápidos de consumir, continuas novedades… Luego cogemos un libro algo denso, que quizás tenga información que nos interesa muchísimo, o una novela que nos pueda hacer disfrutar mucho, pero nos cuesta concentrarnos, nos cuesta leerlo. Esto lo he visto en carne propia, mi alejamiento de redes sociales y de estar constantemente devorando contenidos que llegan en forma de feeds es sinónimo de recuperar mi capacidad para la lectura concentrada.

Otro aspecto de la lectura que toca es el de la posible innovación. Hay un debate patente en cuanto a este tema. ¿Se debe de adaptar la literatura como la hemos conocido hasta el momento a los tiempos de la web? Sin duda las implicaciones de introducir aspectos sociales, multimedia, hiperenlaces, o todas estas cosas tan comunes en la web, sería como meter en un templo budista un concierto de Black Sabbath.

Conclusiones

En definitiva, la tecnología nos ha aportado innumerables cosas buenas, pero creo que es bueno conocer bien lo que supone el uso de diversos aspectos de ésta. Pensar, reflexionar y decidir qué es lo que se quiere aprovechar y lo que se prefiere prescindir de aquello que ofrece. Sin duda una reflexión nada sencilla, ya que nada es blanco o negro en este sentido. Lo que puede perjudicar en un aspecto, beneficia en otro. Pero creo que es interesante que en vez de dejarse llevar por la vorágime de novedades y herramientas, uno se pare a pensar si eso realmente le aporta más de lo que le priva, o si su balanza se inclina a favor de lo que le aporta.

Enlace: Aislarse y reflexionar


Originally published at pensandoengaviotas.com on December 13, 2014.

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