Eithan Jesús, ruega por nosotros

Madonna Sixtina

El angelito 5.000.000 ni se imagina lo que pasa a su alrededor. Albino y sus compañeros han tomado las calles al grito de “No pasarán”. Mientras Rocío Aguilar, Nuestra Señora de Hacienda, sigue envuelta en una interminable guerra de nervios con los legisladores por el Plan Fiscal. De postre, Carlos Alvarado redobla la apuesta con sus 27 puntos para pasar a la historia, y nuevos amigos chinos en el barco. Cuantas cosas para ver y seguir, ni Netflix te ofrece tanto.

Si hay un Plan B, no está explícito. El A lleva por nombre Ley 20.580 sí o sí. Aunque ningún tico que se precie de tal sienta un genuino patriotismo por pagar el ajuste. Zafar de la andanada de impuestos es la consigna. Dicho en creole, que se arregle este desmadre pero con la billetera de otros. Ni los batidos de Herbalife adelgazan tan rápido: el PAC quería recaudar 1.72% del PIB, pero a fuerza de excepciones ya vamos por el 1.12%.

Los macroeconomistas foráneos no se explican muy bien cómo llegamos hasta aquí tan pura vida. Y felicitan a Carlos, quien por fin promete bajar del 7.2 %. Caiga quien caiga y cueste lo que cueste.

Desde sus cómodas poltronas, los tecnócratas del BM han prescripto el nada fácil superávit primario del 5.1% (Banco Mundial prospect) para recobrar el investment grade que conquistamos en 2010 y perdimos en 2014 por nuestros descalabros. No es llegar, sino mantenerse, es el mensaje: Costa Rica debería ser superavitaria por 10 años para tener un ratio PIB/deuda de “país serio”. Más creole: si sos rico, como Alemania, puedes tener el Estado y el gasto social que querás; los paisitos necesitamos otros corsés.

IVA, canasta básica, factura electrónica, educación privada, subcapitalización. La puja impositiva está al rojo vivo. Rocío ha reiterado que hay que ser solidarios para evitar que el temible recorte a gastos sociales e infraestructuras nos decapite a todos. Pero, fregados ya estamos, porque el 50% del proyectado Presupuesto 2019 se financiará con deuda, que servirá para solventar a su vez el pesado endeudamiento que carcome el 41% de las cuentas nacionales.

¿Y si el tratamiento falla, doctor? Por lo pronto, no pensemos en eso. Concentrémonos en los US$ 4.600 millones en infraestructura, un Plan Marshall tropical con que el gobierno apunta a dinamizar la economía a golpe de obra pública. Los 27 enunciados habrá que bajarlos a la arena (una vez que los sindicatos estatales lo permitan), con múltiples desafíos por delante. Entre ellos la simplificación de trámites que promueve Edna Camacho y apoyos a definir a las micro y pymes. Está por verse si la artillería logra meterle revoluciones al crecimiento que se ha deslizado preocupantemente hasta el 3.2%.

Por si se acaba el combustible, ahí aparecieron los chinos con un apretón de manos y selfie con Epsy Campbell. Con lo cual entramos en el club de 103 naciones y organizaciones que ya comercian por US$ 5 billones. La China de Xi promete gastar otro billón en infraestructura en 60 países. Un anzuelo para cualquier nación necesitada. Cuando el cinturón aprieta siempre es mejor estar en “La Franja y la Ruta” que raspando la olla por los pases del bus.