La cláusula Star Wars y los datos

Carlos Alocén
Sep 2, 2018 · 4 min read

Cada persona puede utilizar la tarjeta ciudadana para acceder a diferentes servicios. Cada uno de estos uso queda registrado individualmente para que pueda ser liquidado económicamente o validado el uso del servicio. Ahora consideremos el conjunto de usos de toda la ciudadanía y la utilización combinada diferentes servicios. El análisis de estos datos generará, previsiblemente, información sobre la vida de la ciudad.

La información debe estar bien clasificada y deberemos disponer de software, herramientas y equipos suficientes para ejecutar diferentes análisis. Por ahora obviaremos esta parte para centrarnos en un requisito que debemos cubrir: la propiedad de la información.

La importancia de una propiedad se centra en su valor. Eventualmente, si se negocia con ella, se le aplica un precio. Este último punto lo dejaremos para más adelante, ahora nos centraremos en el valor.

El valor de los datos.

Dato -> información -> conocimiento.

Esta progresión no es sencilla de alcanzar, se debe disponer de gran cantidad de materia prima y con mucho esfuerzo destilar una fracción mínima. ¿Qué conocimiento esperamos alcanzar que merezca ese esfuerzo?

En primer lugar conocer el comportamiento de los servicios. Cada registro de uso que se genera, es idéntico en forma a los demás. Si usas el tranvia, quedará registrada la hora, el servicio, etc. La viajera que te acompaña generará un registro muy similar. El conjunto de todos los registros de ese trayecto nos dicen si había muchos pasajeros, si todos han subido en la misma parada, etc. Y esto para un solo trayecto. Analizar el funcionamiento completo del servicio nos permite corregir y mejorar la frecuencia de paso, los tiempos de espera e incluso realizar previsiones de cuando vamos a tener más tráfico. La necesidad de esta métrica se intuye tan fácilmente que todo el mundo la realiza, pero sólo con los datos de servicio.

Ahora imaginemos que los datos que genera cada servicio como una sola capa. La suma de las capas sería como una lasaña en la que si clavásemos un palillo atravesaríamos los datos de un único usuario.

Ese conjunto de datos es el que tiene un valor excepcional, permite combinar informacion de multiples fuentes, no solo de la utilización, también de ficheros estáticos o de otras fuentes que apropiadamente registradas nos muestren un comportamiento dinámico y una evolución temporal.

Y todo esto, ¿para qué?

Para crear un bien público. Un árbol es una propiedad publica, la sombra es un bien. Un parque es una propiedad, la terraza en la que se toma algo en verano es un bien. No es una definición precisa en términos legales, pero establece cual es la relación entre los bienes públicos y los productos derivados, que según su valor (y unos cuantos factores más) se podría licitar, explotar o compartir, de forma temporal, esporádica o permanente.

¿Quién puede tener interés? Alguien que quiera conocer parte del funcionamiento de la ciudad. Supongamos que dispone de un local en una calle, si conoce el perfil de quien transita, puede decidir si poner una tienda de conveniencia o un restaurante. O el caso inverso, ¿en que lugares se produce un mayor tránsito de personas antes de entrar en la oficina para ofertar un café?. Hay multitud de ejemplos, desde dimensionamiento de servicios, despliegue y creación de zonas comerciales, etc.

Además una sola ciudad no lo es todo, pero en el caso de Zaragoza, donde vivo y trabajo, sirve como ejemplo extrapolable. Se han identificado patrones de distribución de población que se repiten a escala nacional: renta, nivel de estudios, procedencia, etc. Siendo además un núcleo urbano compacto. No es la única ciudad, simplemente permite realizar más preguntas que en otras localidades.

La cláusula

En 1977, George Lucas negocio su salario como director de La Guerra de las Galaxias con 20th Century Fox. A pesar de sus éxitos recientes, no negocio al alza, sino que incluyo una pequeña condición en el contrato mediante la que se reservaba la explotación de los productos y derechos derivados de las películas. 40 años mas tarde, es casi imposible encontrar una casa en la que no haya entrado un producto de Star Wars. Desde hace más de diez años, en Zaragoza hemos incluido una cláusula en las licitaciones publicas en la que reservamos la propiedad pública de los datos generados en la explotación de servicios y concesiones. Esto no tiene porque obligar al concesionario a realizar cambios. Se corrige la titularidad, no el contenido. No es solamente una cuestión de soberanía pública de aquello que concierne a los ciudadanos, la propiedad de esta información permite crear proyectos que de otra forma serían más que difíciles, imposibles. No podemos gestionar los mejores servicios a los ciudadanos según su perfil socioeconómico sino podemos disponer de la base de datos de usuarios. Además, dada la naturaleza de la información, es muy complicado que pueda ser compartida.

Privacidad

Llegados a este punto es posible haber sentido un escalofrío sobre lo que sucede con la información de nuestros usos. Esta solo ha sido una exposición general del valor y una propuesta de salvaguarda de los mismos. Siempre bajo el paraguas de las leyes y reglamentos de protección que tan insistentemente nos muestran los sitios web, las aplicaciones y los emisores de los correos que recibimos. Además, y es un factor importante, esta propuesta se realiza por parte de la Administración, quedando fuera la comercialización de los mismos y evitando como premisa el acceso no autorizado y el filtrado. Si esto no le pareciese suficiente, debe considerar que al menos está recibiendo una explicación. Intente buscar la misma sobre el destino de sus datos, la venta, el cruce y el análisis de los mismos cuando usa su aplicación de mensajería favorita, esa vocecita que le busca cosas por usted, ese sensor que lleva en la pulsera y que hace algo mas que dar la hora, esa red social en la que encuentra a sus amigos del cole o en la que ve los platos deliciosos que otros comen. Aunque la administración sepa, literalmente, hasta que pie calzamos, ofrece también unas garantías que los gigantes de internet no tienen porque. Ni están obligados proteger su información, ni a cumplir nuestras leyes. Velarán por su interés (de ellos, no de usted).

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