06_Ecos del sol
~ 100 Cuentos de pampa, amor y muerte ~

…desperté esa madrugada hace casi 25 años con mi radio/reloj/despertador transmitiendo estática.
En ese segundo piso en los dúplex, frente a la inmensidad de la mina nocturna.
En la enorme noche oscura la sirena interrumpía el eco de la tormenta desde las profundidades de la mina.
Me levanté y caminé con el cubrecama de alpaca hecho poncho, sacando chispas de estática en la piel.
Despertando cuidadosamente al piso de madera que crujía como una galleta seca en la oscuridad.
Afuera las calaminas volaban por el aire cortando cabezas, la respiración empañaba rápido la ventana de hielo por la que era testigo de un milagro.
La paradoja más hermosa de la vida…
El viento aullaba y arrastraba guijarros impacientes sobre los techos.
Los pimientos ancestrales se sacudían y quebraban como lamentos al vaivén de la furia helada que caía sobre el desierto esa madrugada.
…ahí estaba mi chuquicamata…
enorme y eterna.
Conmigo de pie frente a la ventana mirando enamorado, pensando que era mía para siempre…
El pimiento más grande de chuqui vivía justo en el patio de mi casa. Podía escucharlo rasguñar las calaminas como un perro hambriento…
con ganas de arrancarme de esa caja…
Sentía su arcada inevitable a punto de arrancar el techo y lanzarme al viento.
Escuchaba desde las profundidades subterráneas sus raíces intentando caminar.
Al fondo contrastados contra el abismo negro, al límite del valle, aparecían desde la garganta de esa oscuridad, volcanes iluminados por relámpagos errantes en el horizonte.
Escuchaba desfasado sus quejidos de metal, cabalgando como espectros furiosos quebrando el cielo con cada galope.
Y se fue bañando todo de amanecer.
Los granizos arremolinados.
Las colas de diablo danzando junto al polvo y la piedrilla sobre las calles de concreto.
Contra todos los designios, el valle del infierno predilecto de Atacama se teñía de blanco como hacía 100 años no ocurría.
Te miré largo tiempo con indiscreción a través de esa ventana empañada…
Mientras tu mirabas dentro de mi.
A mis 13 años, supe que no podría olvidarte nunca.
Fuí un feliz constructor de monos de nieve embarrada al otro día.
Mis padres me llevaron camino a tocopilla con pasamontañas y guantes a rasguñar la superficie helada del desierto hasta encontrar tierra de nuevo.
Para subir al capó del auto un testigo silencioso del milagro, con ojos negros de piedra.
Volví orgulloso a casa como muchos amigos con mi primer mono de nieve.
Viví la tristeza surrealista teñida de blanco bajo tu sol brillante.
El viento cordillerano helado raspando mis mejillas como un enorme rallador.
Te pienso.
Aún recuerdo tus nubes rasgadas.
Corriendo bajas como jirones contra el cielo.
Las sombras de esos espectros pálidos peinando tus cerros pelados.
Y acá estoy hoy…
casi 25 años después sin poder olvidarte.
Con celos profundos… hirviendo en rabia y envidia.
Viendo como el gran dios de la pampa vuelve a congelarte.
Amargamente tengo que admitir que sin mi seguirás adelante igual.
Ahí está el viento aullando en tus pasillos vacíos.
Y el paso lúgubre de cada guijarro que entierra nuestra historia juntos.
Las calaminas buscando a tus pobladores ausentes.
El trino de los gorriones cubriendo el silencio.
Y todos los fantasmas de mi viejo pueblo en sus lugares…
Añorando el vacío concurrido de tu inmensa soledad.
