09_El Habitante
~ 100 Cuentos de pampa, amor y muerte ~

Me pasa todo el tiempo…
Hay una ciudad con borde costero violento parecido a Tocopilla. El oleaje agresivo corroe piedra a piedra su costa bajo una bruma inclemente. Arenas negras y una playa azotada por el frñio y el viento. Cerca, sobre un farellón, resiste al tiempo una casa enorme con sectores de uno, dos y tres pisos. Está armada de retablos de muchas otras, tiene una entrada de servicio por detrás bajo un farol titilante con suelo empedrado.
Tras la puerta de entrada aparecen en la semioscuridad pasillos, salones y laberintos. Fotos manchadas por el sol, jardines interiores como se construían en la época de las salitreras, relojes sin funcionar repartidos por doquier, uno grande, de péndulo en un salón comedor que al otro rincón tiene una chimenea.
El reloj de péndulo tapa una fractura en la pared, pequeña como un dedo, por donde no quepo pero una vez inserto mi meñique, desarticulo mi cuerpo y cruzo el pequeño portal. Una vez dentro puedo desplazarme entre las murallas y ver a través de ellas. Entre las vigas puedo recorrer toda la casa escuchando conversaciones de quienes la habitan, y puedo observar a sus visitantes sin ser visto aunque algunos a veces sienten mi presencia. Más de noche que de día. A veces bajan la voz o guardan silencio cuando escuchan el crujir de la madera por donde avanzo, notan los cambios de voltaje o el aire más pesado cuando entro a una habitación.
Una noche que recorría la casa mientras el viento aullaba afuera, observé desde el techo de su pieza a una niña inquieta que no podía dormir. Me miraba pero no me veía. Encendía y apagaba La Luz para mirarme pero no veía nada. Lloraba en la oscuridad. Llamó a su mamá y le dijo que había algo, que escuchaba una respiración. La madre se sentó en su cama para calmarla, mientras observaba inquieta la baja de voltaje de la pequeña lampara del velador. Puso atención y escuchó… entre el ruido de viento y el rechinar de la estructura de madera, sintió crujir las maderas del entretecho donde se ubicaba mi presencia, abrió los ojos con pánico al escuchar mi respiración también… La vi mirar el techo aterrada, tomar a su hija y salir. Las esperé ahí, quieto, en medio de la oscuridad, pero no volvieron cuando salió el sol. Esa pieza está clausurada ahora. Cuando la visito sé que ha sido usada durante el día en secreto porque la chica dibuja en las murallas, esconde sus juguetes y a veces deja la luz encendida. Todos sus espejos están tapados con sábanas.
La casa es enorme y compuesta de diferentes tipos de arquitectura.
Algunos de sus ventanales están hechos de grandes trozos de vidrio templado, otros de cuadrículas de pequeños vitrales soplados de 50cm. Los lugares oscuros tienen cortinas espesas. Las zonas más iluminadas jirones razgados que flotan con el viento de la tarde.
Dentro de esa misma casa, entre muchos otros espacios en uso y desuso, vive otra entidad. Un ser de unos dos metros con cabeza de perro que me huele y persigue con furia cada vez que vuelvo a entrar. No me puede ver si estoy entre las murallas, pero me huele. Una vez siguió mi rastro y me cazó hasta el lado oriente del lugar donde está emplazada la vieja casona, siguió mi rastro hasta donde me escondía en el techo de unas caballerizas junto a un pequeño riachuelo, frente a un jardín de dunas y un bosque en la falda de un enorme volcán nevado.
Tengo la certeza de visitar en sueños otra dimensión.
