¿Decías que no podías?

Me quedé sin luz. Me quedé sin luz, sin internet, sin nada. Abro la app de “Notas” del celular porque es una de las pocas cosas que funciona sin Wi-Fi ni paquete de datos.

Siempre me gustó escribir. Empecé a escribir cuentos a los 10 años. Pero no andaba más escribiendo. Pasa que siempre tenía Wi-Fi.

Es un poco triste y un poco simpático como la vida ahora me dijo: ¿No tenías tiempo decías? Sí, tenés tiempo. Acá está. Escribí.

Parece algo tonto, parece coincidencia, es para pasar de largo y decir “bueno, así son las cosas” y seguir. Pero hoy antes de seguir, reflexiono un poco. ¿Cuáles son las cosas que haría si no tuviese Wi-Fi? Suena a esa pregunta que ya conozco: “¿Qué harías si no tuvieras miedo?”. Algo así, pero un poco menos cliché.

Foto tomada hoy, por mí: el momento en que me quedé sin luz.

Yo creo que sin Wi-Fi sabríamos menos de la vida de los demás. Eso es bueno y es malo. Me atrevo a decir que más bueno que malo, la gente sobrevivió años sin internet.

Creo que tendríamos más tiempo para hablar y mirarnos la cara. Más tiempo para hacer las cosas que no necesitan internet: dibujar, cantar, bailar, escribir, rezar, caminar, leer, ir al teatro… ¿Comer? Capaz disfrutaríamos más de comer. Sintiendo el sabor de las cosas con la cabeza y la mente presente donde estamos, y no en otro lugar.

Respirar. Eso también. Algunos amigos míos empezaron a hacer como una especie de juego. “¿Estás respirando?” Me preguntaron, de la nada. Yo, por más que suene absurdo, automáticamente controlé si estaba respirando. “Ahora tratá de respirar y hablar al mismo tiempo” Parece que al tomar conciencia o tratar de tener control sobre eso, era desesperante no saber cómo podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo sin tener en mente de que sucede. Nadie se pone a pensar o controlar si inhaló aire antes de decir algo y lo exhaló al hablar.

“Respirá” suelen decirte, o vos mismo te decís capaz cuando estás triste, cuando estás desesperado. En las películas ves que una mujer está pariendo, “respirá” le dicen, ¿verdad? En algún lugar de nuestro cerebro está archivado que respirando las cosas se calman un poco. Capaz todo lo que necesitamos para relajarnos y encontrar nuestro centro es tomar conciencia, así de simple como suena, de que estamos respirando. Que nuestro corazón está ahí, latiendo. Que todo esto es señal de que todavía estamos vivos y todavía hay tiempo. Eso es: todavía hay tiempo.

Cité algunos verbos ahí, hace un rato, de lo que podríamos hacer sin internet, capaz a vos se te ocurra alguno más. Algo más vinculado con tu vida y con tu “esto es algo que quiero hacer pero no tengo tiempo”. Me atrevo a decir que todos tenemos ese “algo” que siempre quisimos hacer pero en el ajetreo del día a día, no hacemos.

Ey. Ahora volvió la luz. Pero no voy a olvidarme de esto. Ojalá que puedas hacer, al igual que yo hice hoy, eso que querés hacer pero decís que no podés.

Capaz, como a mí, un día la vida también te diga: “¿Decías que no podías? Sí podés. Acá está”.

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