Lo más lindo de ser niño

Vivimos en un contexto en el que ser útil es bastante importante. No digo que eso sea algo bueno o malo, simplemente existe, está ahí, queramos o no. En el desarrollo personal, en los equipos de trabajo, en la facultad, dentro de la familia y en la religión inclusive: nos gusta sentirnos útiles. Nos gusta sentir que estamos aportando algo y generando soluciones, no problemas.

Suelo perder tiempo pensando cómo se percibe la vida desde distintas perspectivas, de acuerdo al contexto en el que cada uno vivió. Perder tiempo digo, porque no necesariamente pensar es buen negocio, pero es lindo darse tiempo también para pensar. Me encanta observar, y creo que el teatro desarrolla mucho ese sentido. Observé esta constante, que capaz la hayas observado vos también: Muchos adultos quieren volver a ser niños, o extrañan lo poco que uno se preocupa cuando es niño. Lo felices que eran, con tan poco.

Creo que lo más lindo de la niñez es que no vivís en el ayer ni en el mañana, sino en el hoy. Lo que hacías ahí, no importaba si servía o no para alguien. Podías estar mil horas haciendo algo, que no ibas a sacar provecho, no ibas a vender ni hacer negocio, no hacías por sentirte útil. Hacías por placer, por gusto, porque querías y punto. Porque vos querías, no es que lo quería otro.

Algo que siempre me encantó del arte es que tiene la capacidad de asombrar. Hay arte que hace reír, que hace llorar, que hace sentir hasta que asusta. Capaz lo que asombra de un dibujo es que casi nadie ve la utilidad de estar haciendo por horas algo que puede que no sirva a nadie. ¿Por qué siempre tiene que servir para algo o para alguien? Es como que nos arrebatamos a nosotros mismos uno de los placeres de ser niños. De hacer lo que nos gusta sin pensar: ¿Genera dinero? ¿Genera futuro? ¿Sirve para algo? ¿Me va a hacer rico? Y si la respuesta es “no”, es como que no vale la pena. Ya nadie se juega por lo que no es buen negocio. Capaz por eso asombra un dibujo. Capaz por eso asombra un artista.

Sé y contemplo que hay arte que sirve, que empuja a una sociedad, que puede ser funcional, que puede sanar heridas. Sobre todo, el arte y el diseño se enfocan en comunicar, y el ser humano no puede desarrollarse sin comunicación (indiferentemente a la forma que cada persona disponga para comunicarse). Me encanta que las personas quieran sentirse útiles, quieran generar cambios y hacer cosas grandes.

Pero no quitemos lo grande que tiene lo pequeño. Qué grande es perder tiempo como un niño, sin preocuparse para qué, cómo, cuándo, dónde. No, hacé nomás. Hacé porque te gusta. Hacé porque vos querés. Hacé y no importa si sirve o no. Hacé porque sentís que tenés que hacer. Ni en el ayer ni en el mañana, que grande es estar en el hoy, y hacer, sin preocuparse.

Se niño. Hacé más.

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