Adiós
Y ahí estaba ella. Perdida en la oscurida. Buscando la compañía de su sombra. Ya no tenía a nadie, estaba sola, sola en el mundo, sola en un mundo lleno de guerras. Guerras internas, guerras externas. Asustada corrió por la calle. Corrió, corrió, y corrió. Levantó la vista y vio en frente de ella un enorme puente al que subió. Los autos pasaban por ahí, algunas personas también, pero parecía que nadie la notaba.
Se sentó en el borde del puente, y empezó a pensar en todo. En el mundo, en su familia, en sus ex amigos, en ella. Y se dio cuenta de que estaba totalmente sola. Hasta su sombra la dejaba en los momentos más oscuros. Lo único que hacía era lastimar a las personas que tenía a su lado. Ya no quería hacer eso, no quería que la lastimaran más, no quería lastimar más, no quería lastimarse a si misma otra vez. Y sentada ahí, en el borde del puente, miró hacia el cielo y dio su último grito. Pensó que era mejor para todos que ella ya no esté en ese mundo lleno de guerras. Y saltó.