Procesión náutica y calesitas, tradición sanantoniana

Comenzás a sentir el aire un poco más fresco, ves las velas ubicadas enfrente de las casas y unos banderines van trazando el cielo en espera del 13 de junio. El día de San Antonio se celebra con procesión náutica y calesitas desde que esta ciudad lleva su nombre. La antigua imagen y la más grande viajan en un modesto barco por las aguas del Río Paraguay en cada fiesta patronal.

La fe de muchos se hace material el 13 de junio; la ribera del río se llena de los ciudadanos expectantes por ver a su santo patrono pasar rodeado de banderines y globos. Las mujeres de más edad llevan pañuelos blancos para hacer un reverencial saludo y los niños van grabando la escena para convertirla en anécdota y volverla inmortal a través de los recuerdos.

Cuando el recorrido por esas aguas llenas de historias termina, la procesión continúa por la ciudad. Los bomberos, las autoridades de la iglesia, los fieles y algunos curiosos copan las calles derrochando eso a lo que todos fe. No faltan los niños disfrazados rústicamente de San Antonio –promeseros, quienes han recibido algún milagro por parte del santo-, ni antiguos pobladores, que a pesar de su edad, no pasan un 13 de junio sin acompañar a su patrono durante su tradicional paseo.

Más allá de lo que pueda pasar una vez al año, esta ciudad vive su identidad todos los días, cuando se vuelve cuadro al atardecer, cuando sus pobladores regresan del trabajo y toman el tereré en la vereda, cuando se enfrentan Ytororo y Porvenir y cuando la iglesia se hace punto de encuentro los domingos. Estas son cosas tan cotidianas como levantarse todos los días, no obstante, solo te das cuenta de su valor cuando estás lejos.

Las anécdotas de cuando se fundó el frigorífico, del tiempo en el que San Antonio era parte de San Lorenzo, otras que tienen como protagonistas al pa’i Talavera, a la profesora Bety Abad o al profesor Ceferino Machuca, son cuestiones que aún laten en la retina de varios ciudadanos. También del hotel, cómo no mencionar ese lugar donde varios seguramente vivieron sus más lindos recuerdos y conocieron sentimientos que hasta hoy continúan altivos en sus pechos.

Todo eso y más son los asuntos que esconde aquella actividad del 13 de junio, es más que una fiesta patronal o un desfile estudiantil, es la remembranza de un pueblo que no olvida quien es, de unos pobladores que después de conocer muchas tierras solo desean volver. Por esa identidad, ese afecto por este territorio acariciado por el río Paraguay y por los recuerdos que cada uno guarda de la ribera, ¡salud, San Antonio!