La deuda social de la infancia: el derecho a una alimentación adecuada

Según un nuevo informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia que dio a conocer la Universidad Católica Argentina (UCA), hay 500.000 chicos de entre 2 y 17 años que no acceden a una alimentación adecuada. La problemática se centra tanto en la desigualdad social en cuanto al bajo consumo infantil y adolescente de carnes, verduras, frutas y lácteos, como en las decisiones que toman los padres de la clase media-alta a la hora del consumo de alimentos.

“Lo más novedoso del estudio es que permite ver la desigualdad social en el acceso a los alimentos en la infancia, la niñez y la adolescencia”, afirma Ianina Tuñon, investigadora responsable del Barómetro. Son varios los factores que influyen en la alimentación de un niño en edad de desarrollo. Aun así, y teniendo en cuenta que los precios de los alimentos son cada vez menos accesibles debido al alto nivel inflacionario, es indudable que el nivel socioeconómico es uno muy relevante. Para consumir un alimento no basta con que esté disponible, sino que es necesario poder adquirirlo, y eso está condicionado por los ingresos de cada hogar.

Florencia Raele, médica especialista en nutrición y obesidad, afirma que son indispensables las proteínas de alta calidad, las frutas, los carbohidratos complejos y los lácteos. Comer sano en Argentina es caro. Podría decirse que es hasta un lujo. Entonces cuando un niño no tiene el recurso para poder acceder a los hidratos más refinados (pastas, pan, galletitas), considerados aportes de vitaminas, minerales o proteínas carecen de un buen desarrollo no solo corporal, sino también mental y cognitivo. “El problema es que la mala alimentación te marca para siempre”, manifiesta Raele.

¿Pero es solo en la clase con menos recursos que existe un déficit en la alimentación? ¿o también podemos encontrar ese déficit en la clase media-alta? Solo el consumo de arroz y pastas (lo más económico en el mercado) es más alto en los estratos más bajos, mientras que los que poseen mayores ingresos piensan que no es bueno consumirlos. Con las pastas y el arroz la tendencia es inversa: a mayor ingreso familiar, menor consumo de esas fuentes de hidratos de carbono y fibra. “En la mitad de los casos se consume menos de 4 veces por semana. En el estrato medio y alto, las chances de comer arroz o pastas menos de 3 veces por semana aumenta 1,5 veces. Esto también describe un déficit porque se recomienda que los chicos ingieran una porción por día”, afirma Tuñon.

Es hora entonces de que a partir de los índices ya mencionados, todos los niños de cualquier clase social puedan acceder a una buena alimentación. En cuanto a los chicos que vivan en hogares con un ingreso medio — alto, son los padres los responsables de tomar conciencia de que acceder a una abundante fuente de carbohidratos también es acceder a una buena alimentación. Y en cuanto a aquellos niños que no tengan los recursos necesarios, es el Estado quien debe proveerlos de una mayor cantidad/calidad de alimentos indispensables en la canasta básica subsidiada que por Ley se les otorga.

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