“Estamos sobreviviendo”

Entrevista a Lorena Massanti, integrante del área de hemoterapia del Hospital Emilio Zerboni de San Antonio de Areco

El Hospital Emilio Zerboni es el centro del pueblo, y no precisamente porque se encuentre en la zona más comercial y transitada del lugar, sino porque este hospital es el único que atiende cada una de las urgencias de los vecinos de San Antonio de Areco. Todos han pasado alguna vez por allí, han vivido nacimientos, vacunaciones, inyecciones, muertes, operaciones, suturas o simples controles. Es un lugar al que se le tiene cariño, que recopila anécdotas, que revuelve la memoria. Lorena Massanti trabaja allí desde hace 17 años, en el servicio de hemoterapia, donde se reciben a los donantes de sangre y se hacen transfusiones a los pacientes internados. Es inevitable percibir en sus palabras que lo que ella siente por este sitio es simplemente amor.

Areco tiene 23 mil habitantes, lo que lo convierte en una ciudad. Esa palabra para todos los nacidos y criados allí no corresponde, para ellos Areco es pueblo. Si algún forastero se sentara en la sala de espera del Zerboni, se sorprendería al ver cómo cada uno de los que pasan por la puerta, saluda a algún conocido, por no decir varios. Esto es lo que caracteriza al hospital: la amabilidad, la amistad, el compañerismo, la bondad. Todo eso es hoy lo que lo mantiene en pie.

En el Zerboni faltan insumos, la guardia carece de agua oxigenada y de hilo de sutura. Las sábanas son pocas y están rotas. Los pacientes deben llevar su vajilla, ya que lo poco que hay no alcanza. Los empleados no tienen cómo imprimir una planilla, como abrochar una ficha, no hay ningún elemento. ¿Cómo se maneja una situación así?

Jamás en todos los años que trabajo aquí, he visto al hospital así, tan venido abajo, despojado de tantas cosas. Todo eso que me nombraste es poco en comparación a lo que se vive día a día. Está hecho bolsa, se le caen las paredes, no hay mantenimiento. A veces no hay médicos, que se van porque no les pagan. No hay ni siquiera un camión que pase a juntar los residuos patológicos. Son quemados en el patio y van a parar al basural, cuando deberían un tratamiento especial. Este hospital sigue vivo por la gente que trabaja aquí, son los que lo llevan adelante. Estamos sobreviviendo.

Lolo, como llaman todos sus amigos a Lorena, se encuentra desganada, triste, sin poder creer lo que tiene ante sus ojos. “No me dan ganas de estar acá, porque veo que no puedo hacer nada”. El municipio de San Antonio de Areco pareciera no estar enterado. El intendente, Francisco “Paco” Durañona, hace oídos sordos a cualquier queja que se produzca, aunque sean pocas. “Hay miedo de hablar, de opinar, de decir qué es lo que falta. Cuando se critica a esta intendencia, ellos toman represalias: o te trasladan o te reducen las horas”, explicó Massanti. “Es complicado, nadie se anima”. Hace unas semanas, los trabajadores del Zerboni escribieron una carta a Durañona, firmada por todos para evitar que tomen medidas. Todavía no hay noticias.

En 1918 un grupo de vecinos de Areco se reunió para considerar la posibilidad económica de crear un centro sanitario para satisfacer las necesidades del vecindario. Este encuentro tuvo resultados positivos: uno de ellos fue el lanzamiento de una colecta popular. De esta manera y con la donación de la propiedad y del predio que la rodeaba, el hospital Emilio Zerboni fue fundado. La gente del pueblo parece ser la indicada para salvarlo esta vez…

La gente está muy tranquila, no sé si porque se creen el discurso de la intendencia o porque tienen miedo. Por suerte dejaron que vuelva la cooperadora del hospital, que tapa muchos agujeros. Ellos trabajan en conjunto, son muchos socios, hacen rifas, hacen colectas, hacen lo necesario para traernos los insumos. Esperemos que mejore, hoy está todo agarrado de los pelos. Yo sigo yendo a trabajar porque me gusta lo que hago y porque necesito el trabajo, pero la razón más importante por la que voy es por la gente, por los casos que se ven. Si nos comparamos, no nos podemos quejar de nada.