Música para sanar

Ella, su nerviosismo y su timidez entraron al escenario junto a sus músicos. Las luces del ND Teatro se apagaron para dejar que la audiencia se deslumbre con lo que iba a pasar delante de sus ojos y a través de sus oídos. Loli Molina.

Era su debut en el ND, un hecho importante para ella por el calibre de artistas que tocaron alguna vez allí. Entre los ídolos a los que había ido a aplaudir en ese teatro, Loli nombró a Fernando Cabrera, a quien le rendiría homenaje más tarde y a Egberto Gismonti. “Este escenario para mí está bendecido. Que yo esté acá me parece hasta ridículo”, comentó emocionada entre canción y canción.

El concierto fue la presentación de su último álbum Rubí, del cual cantó todos los temas, incluyendo la gran interpretación que culmina el trabajo, Ludmila, de Luis Alberto Spinetta. Fue el último que harán en Buenos Aires por un largo tiempo, y la culminación de la gira que la llevó a recorrer México, Rosario, Córdoba, Neuquén y Entre Ríos.

“Siento que nada, ya nos alcanza”, entonaba Loli en la primera interpretación de la noche, Los Días, seguida por En la Noche. Recién entonces entre fuertes aplausos, Loli se presentó ella y a sus músicos, Hernán Jacinto en el teclado, Pablo Bendov (“Mi amigo”) en la batería, Ramiro Flores en los vientos y Sonia Álvarez en el arpa como invitada.

Entre sus otros temas del álbum cantó Viajando, con su típica anécdota de cómo se inspiró para componerla: “Vivimos 48 horas de las cuales 36 fueron viaje. Ir a Tucumán a tocar y volver. Podés pensar de todo, de la vida, de la vida después de la vida”, parecía de repente un show de stand up. Luego siguió con Ricardito, con la aclaración de que ese muchacho no se llamaba Ricardito, sino Martín. “Hay muchas cosas que nos están matando: el calentamiento global, el WiFi, Facebook, y la literalidad”, anunció Loli aguantando la risa. También se quejó de su Hombre No: “Cuando se la mostré me preguntó ‘¿Por qué soy el Hombre No? ¿No me puedo transformar en el Hombre Quizás?’. Un boludo”. Toda su timidez se había ido por completo.

Uno de los momentos más divertidos y esperados de la noche fue cuando un personaje del público que la sigue a todos los conciertos en Buenos Aires, lanzó un grito como lo suele hacer Luis María Listorti “Es maaageeeco”. Loli, entre risas, pidió a sus colaboradores que para todas las próximas presentaciones le dejen un micrófono en la entrada. Otro momento épico fue cuando la cantante explicó a todos qué es un genkidama, la bola de energía de Dragon Ball Z. La banda, ella y toda la audiencia alzaron sus manos para juntar la energía de los corazones puros.

“En la noche yo te vi brillar”, dice una de sus letras, y así fue como se la vio a ella. Sus músicos se retiraron y la dejaron sola junto a su guitarra, iluminada por una única luz, brillaba como un Rubí. Aprovechó su momento a solas con el público para cantar Luchín, de Víctor Jara, Tonada de Luna Llena de Simón Díaz y Puerta de los Dos de Fernando Cabrera. Pidió ayuda a los presentes para cantar A la Próxima en coro y salió como si hubiese estado ensayado. Contó que su invitado para esa parte del show iba a ser Javier Malosetti, que no pudo asistir por complicaciones.

Cuando sus músicos volvieron, deslumbraron con Hamacas, un tema de su primer álbum Los Senderos Amarillos, del cual ya había entonado Ricardito y Si. También impresionaron con Eco, de David Aguilar.

El concierto estaba llegando a su fin. Fue el turno de Ludmila. El público aplaudió hasta hacer doler sus manos mientras los músicos y Loli hacían la reverencia final, pero no se conformaron. La ovacionaron, pidieron que vuelva, una canción más. Ella volvió, emocionada, saludó, se paró enfrente de todos, sin micrófono, sin luces, sin instrumentos. Cerró los ojos y encantó con Te abracé en la noche, de Fernando Cabrera. De pie y muchos con lágrimas en los ojos, los espectadores quedaron satisfechos y la dejaron ir. Mágico, sí, maaageeeco.

Video por Juan Agustin Delgado
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