Lo voy a mirar detrás de una pantalla, como hace tiempo. Encima Cablevisión me cortó su servicio, así que probablemente sea desde la pantalla de la notebook. Hace tiempo -19 años precisamente- que lo miro desde casa. Nunca tuve la suerte de verlo en vivo y en directo, frente a mis ojos. ¿Suerte? No sé si está bien aplicada esa palabra de seis letras, pero quiero creer que las cincuenta mil almas (o las que sean) se encuentran ahí por una especie de suerte.
“La suerte es un evento que ocurre más allá del control de uno, sin importar la voluntad propia, la intención o el resultado deseado. Estadísticamente, puede ser definida como el resultado positivo de un suceso poco probable, tras un número reducido de intentos relativo a anteriores experiencias o predicciones” dice mi amigo Wikipedia sobre la definición de S U E R TE.
Pero, sigo sin entender si eso es suerte. Pensandolo bien, no. Toda esa cantidad de personas, se encuentran ahí por otra cosa. Tienen el privilegio de ser socios. De que sus abuelos sean vitalicios. De que sus padres, hermanos, esposas, esposos, primos, padrastros, madrastras, hermanastras o algún ser especial esté relacionado a algún dirigente, periodista o jugador. Algunos/as se sientan cada domingo en la platea, pero no saben si son 22, 25 o 50 los que corren detrás de la pelota.
Ojo, no soy quién para juzgar los conocimientos de cada uno, pero apuesto el millón que no tengo, a que esos paracaidistas no saben ni siquiera el apellido de los jugadores. Ni hablemos de pedirles que nos detallen en qué posición juegan.”Madre de Dios”, diría mi abuela.
Por lo visto, ya me desvié unos cinco centímetros de mi objetivo. Así que retomando a lo anterior, no sé si es suerte. Ahora que lo pienso bien, no. ¿O sí? En fin, yo nunca tuve esa “suerte”.
Pude ir a la cancha a ver distintas competencias, distintos partidos, copas, torneos, campeonatos, clubes chicos, clubes grandes, perdimos, empatamos, ganamos, fui yeta, fui cábala, di suerte, de todo. Pero ese partido NO. Ni siquiera de visitante. Nunca. Never. Jamais. Nie. Nikdy. Te lo digo en todos los idiomas.
Ahora, vamos al punto más grave. Al que preocupa a la gente que me rodea. ¿Cómo es posible que sufra de esta manera, si no voy a la cancha? No sé si es ansiedad, nervios, miedo, amor, odio. No sé que mierda es. De los tres cafés por día, pase a los cuatro por día (a veces cinco). De comerme un plato de fideos, pasé a comerme dos. Inclusive engordar dos kilos en una semana. De comerme los uñas, pase a comerme los dedos. De transpirar mucho, pasé a tener una cebolla en cada brazo. De dormir seis o siete horas, pasé a dormir unas tres. De tener cara de ojete, pasé a tener una cara de culo inigualable. De que a mi abuela no le guste el fútbol, pasó a gustarle y hablarme todos los días de él.
BASTA PARA MI. BASTA PARA TODOS… que llegue el jueves.