Finalmente me animé a escribir

Empecemos diciendo que título no me identifica (ya empezamos mal, Candela). Sería más acertado decir que finalmente me animé a que me lean, pero nunca me importaron mucho los títulos, así que qué más da.

Hoy tenía una salida programada, pizza y birra. Cancele porque sentía la necesidad de escribir, y me termine armando un blog. Siempre pensé en mi como una persona que se identifica con sus escrituras más que con sus acciones (aunque si la salida hubiese sido sushi y vino, ahora no estaría acá).

A quienes dejé plantados para tomarme el tiempo de escribir son mis compañeros de casa, Diego y Katia, él Argentino, ella Australiana, ambos 37 años, ambos hacen voluntariado en el hostel.


Siempre quise vivir en un hostel, y hoy, a mis casi 27 años, lo estoy cumpliendo (muy bien yo!).

A poco de cumplir los 6 meses de ver este paisaje estoy segura que para explicarlo no alcanza con decir que se trata de un Borgo Medieval del mil cien, ni que la densidad demográfica son 15 personas en un rango de 5 angostas calles que se cruzan. Podría darles el speech que doy a los turistas cuando hacen el check-in, pero esto sencillamente ya ni se asemeja al refugio creado por los romanos para defenderse de las invasiones.

Mi llegada a este lugar fue drástica, y es que no sé como vivir la vida de otra manera. Yo no buscaba trabajar en Italia, pero estando en proceso de mi ciudadanía me delire la plata (como digna sagitariana que soy), y la situación me llevó a aplicar para un voluntariado. 
En ese momento, una gran amiga argentina me estaba bancando la parada en su casa, en Bologna. La situación no era fácil para ninguna de las dos. Ella estaba en crisis laboral, y yo bueno… en crisis total. No era la primera vez que la visitaba, pero esta vez le había pedido que me dé un lugar por 2 semanas. Ese era el tiempo que yo creía que necesitaba para reacomodar mi nueva vida como viajera. El día en que ella salió a tirar currículums y volvió con trabajo, fue el mismo día en que yo recibí el mail donde me confirmaban que podía empezar al día siguiente. Se ve que ese día se alinearon los planetas (o se delinearon… es que los planetas son re Drag Queen).

Con mi poco práctico y para nada humilde bolso, estuve en la estación a las 4 de la mañana. Caí en cuenta de que con la euforia de la noche anterior nunca había chequeado dónde estaba yendo (irán viendo en mis relatos que las mejores partes de mi vida no fueron planeadas con anticipación). Me preocupé cuando el bus en el que viajaba parecía patrocinado por el PAMI , y por la ventana los pueblos se veían cada vez más chicos y las montañas cada vez más grandes. Sin embargo, me acuerdo que 20 minutos antes de llegar a mi nueva aventura me maquillé, y que las señoras mayores sentadas cerca mío estaban asombradas de la habilidad con la que manejaba el rimmel estando en un vehículo en movimiento (una de las magias que aprendí de mi hermana, quien se maquillaba apurada en el auto camino al colegio).

Al bajar del bus me esperaba Felipe, argentino, 28 años, y manager del hostel (aunque con eso solo no llego a describirlo). Trabajamos y vivimos juntos por 3 meses, y cuando hubo confianza entre nosotros nos reímos de que al momento de encontrarnos en la estación fue claro para él que yo no tenía ni idea de que había aplicado para voluntariar en medio de nowhere.

Hoy Felipe me manda fotos desde la Patagonia, y yo estoy escribiendo en la habitación que era de él. Pero ya no soy la misma persona que era cuando llegué, este Borgo descubrió una nueva Candela (versión ultra mega 2.0). Y este blog va a hablar justamente sobre todos los acontecimientos y personas que me trajeron a donde estoy hoy.

Pero, siendo ya medianoche, mis ganas de comer me recuerdan que cancele unas pizzas con birra, asi que voy a irme a cazar una milanesa con papas fritas (a quien engañoen la cocina solo me esperan fideos con salsa de berenjena).