La prensa deportiva, el victim-shaming y Gerard Piqué
Rafa Zamorano
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Aún estando de acuerdo en que las aficiones siguen descontroladas, predominando el insulto y las malas maneras, no resta que los futbolistas deban tener comportamientos más ejemplares. Lo mismo que ciertas figuras públicas ganan un dinero muy alto debido a su exposición, y por ello se les exige mayor decoro. Que yo comente una broma ofensiva entre amigos no llega a ninguna parte, pero alguien que tiene cientos de miles de seguidores tiene repercusión y causa tormentas de odio. Así que… ¿sanción al jugador? Sí. ¿Y a la afición? También. ¿Y por qué al jugador si tan solo ha hecho uso de la libertad de expresión y ni ha insultado? Por una cuestión de representatividad y mal menor. Como embajador de su grupo debe medir sus palabras porque causan fuego, y crean odio. Un odio del que no es responsable pero que podría haber evitado sin perjudicar su libertad de expresión. ¿Puede hacer una broma sobre el Madrid o el Espanyol? Sí claro, con sus amigos o esposa. Pero al igual que el Rey, un jugador es representante de su club, gente y hasta población las 24 horas del día. ¿En un mundo mejor donde los aficionados no son fanáticos sería culpable? No, no lo sería, y hay que trabajar por ello. Porque la ofensa es un concepto por el que una persona piensa que otra le hace daño por no acatar su pensamiento sin darse cuenta de que este pensamiento no es más que su intolerancia a una visión diferente, al humor o al pensamiento crítico.

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