El problema cultural

Por primera vez decido publicar algo escrito por mí, usualmente todo se queda guardado en notas en mi celular o en algún documento en la computadora, pero esta vez sentí la necesidad de exponer mi punto de vista en alguna plataforma abierta al público.

Lo siguiente no lo hice con la intención de que otra persona, aparte de mi profesora, lo leyese, puesto que es una asignación para la universidad. Lo escribí en menos de 40 minutos y con un límite de 500 palabras, pero por alguna razón sentí que debía publicarlo.

Espero poder abordar el tema de una manera más extensa y menos formal. Cualquier recomendación o crítica es bienvenida.

El problema cultural

Las conversaciones sobre la situación del país son un hecho común en cualquier lugar, un tópico ineludible para cualquier venezolano que enfrenta la crisis y que tiene la oportunidad de intercambiar opiniones con otro de sus compatriotas, un método que hemos encontrado para hacer algún tipo de catarsis en medio de tanto caos. Los “ya no alcanza pa’ nada”, “este gobierno tiene que cambiar” se transforman paulatinamente, mediante el transcurso de la conversación en un “por eso estamos como estamos”, “en Estados Unidos o en los países europeos no es así”, para terminar con la típica frase de “el problema es cultural”.

Yo no secundo esa débil tesis, tan popular y mencionada. Adjudicar los problemas, o mejor dicho, la crisis del país a los venezolanos comunes me parece falta de criterio, falta de voluntad de ver más allá, pero más que todo la rechazo por falta de sustento. Cuando hablan sobre el problema cultural, se refieren a que la sociedad venezolana actual es culpable del deterioro del país, excluyendo totalmente el factor gobierno. No es secreto que la responsabilidad de la decadencia del aparato del Estado (y todas sus consecuencias implícitas) es del que, por deber, tiene que administrarlo: el gobierno, no sus ciudadanos o bueno, pobladores, ¿por qué entonces el afán de culpabilizarnos?

Mi discrepancia recae en la falta de atención que dirigentes del Estado venezolano han enfocado en los factores primordiales para una idónea socialización política, como lo son la familia y la educación, entre otros más. Factores que después de 18 años han decaído de tal manera, que han modificado al venezolano común, dejando a la gran mayoría sin una pizca de cultura política.

Los autores Almond y Powell definen cultura política como el patrón de actitudes individuales y de orientación con respecto a la política para los miembros de un sistema político. Ahora bien, sin patrones de orientación, entendidos como factores de la socialización política ya mencionadas, el resultado serán individuos con una cultura política inexistente. En otras palabras, si los dirigentes encargados de moldear las estructuras del Estado no implementan las herramientas necesarias para crear una población de individuos pensantes y conscientes de su país, de sus derechos, pero más importante de sus deberes como ciudadanos, una degradación en la cultura venezolana es inevitable.

No somos así. No es nuestra “culpa” que el país se enfrente a esta crisis. La situación no es responsabilidad de la gran mayoría de la población sin consciencia ciudadana. No nos “merecemos esto porque por esto fue que votamos.” Nadie se merece el hambre y falta de dignidad. El venezolano de hace 20 años no es el actual, nos han modificado desde los cimientos y esto unido a un contexto que nos hace mucho más vulnerables al cambio negativo.

Pero que mis afirmaciones anteriores no se malinterpreten, el gobierno puede ser el principal responsable, pero está en nuestras manos hacer la diferencia. Señalar y hacer ahínco en los problemas nunca generó soluciones, quejarse y desdeñarnos no generará un cambio positivo. No hay que ver la cultura como algo estático, es un constructo, por lo tanto nunca impermeable al cambio. No somos así, nos hicieron así.

Ahora bien, hay un problema cultural, pero el problema no es cultural.