Aquí todo sigue igual como cuando estabas tú

Caracol Colunga
Sep 2, 2018 · 3 min read

(No es cierto, nada es igual, pero ayer se me olvidó por un minuto y nos reímos por eso. Hoy lloro).

Siempre que cuento la historia del día en que un lince me “atacó” lo hago en clave graciosa. No doy mas contexto para que quien la escuche imagine escenarios salvajes, aventureros o extravagantes. Lo cierto es que, ahora que lo pienso de grande, fue muy triste: animales encerrados, polvorientos, tristes, tristes, tristes. Y sin embargo, de niña para mí fue mágico. Ahora que lo recuerdo sigue teniendo un aire dreamy por lo extraño del encuentro.

Tenía siete años cuando mi papá nos llevó a Paloma, mi hermana mayor, y a mí a un viaje para conocer sus orígenes: el rancho solitario donde por primera vez vi a alguien cargando un machete en la cintura como si nada. También fuimos a Matehuala, la ciudad cercana. Matehuala es desértica y no hay mucho en ella, quizá porque es punto para migrar. Está partida por la mitad con una carretera que tiene muchos moteles en sus orillas. Por ahí anduvimos paseando, hasta que lo encontramos.

Era la mezcla de un oasis y un baldío. Un terreno en la esquina de cualquier calle, con algunos árboles y terrones resecos por otro lado. Lo distinto eran las jaulas y animales. Llegamos a ver todo con los ojos desbordados de maravilla. ¡Un zoológico espontáneo! Con animales que jamás habíamos visto más que en libros y películas. Papá nos llevó sin titubear.

Estaba la zorrita, pequeña como un chihuahua, juguetona y ladrona. Comía cualquier cosa que dejáramos descuidada. Me mordía los dedos, pero no me daba miedo.

Estaban las serpientes que vi cuidadosamente de lejos y con el escalofrío que siempre me han provocado.

Estaba el coyote amarrado en un palo, caminando en círculos tan lejos como la soga le permitía. Pudimos acercarnos justo a esa periferia porque en cuanto veía un humano se lanzaba al ataque hasta que lo ahorcaba la atadura. Jadeaba frustrado y en sus ojos vi la furia.

Estaban los linces. La hembra, enjaulada porque la agarraron ya grande del monte y quería matar todo. Y estaba el macho, al que dejaban andar fuera. Lo atraparon de cachorro y quizá lo percibían como un gato doméstico crecido.

“Acércate a jugar con él”, me dijeron. Era una niña bravucona y presumida (sigo siendo una niña bravucona y presumida) y acepté el reto. Fui despacio, con cara de tranquilidad. El lince se acercó sin ningún freno y saltó con las uñas de fuera que se encajaron en mis piernas. Grité con miedo primario y le metí una patada en la panza. Corrí para abrazar a Paloma y mi papá, de lejos, se precipitaba a carcajadas.

(Infeliz cabrón, siempre te reías de todo. Infeliz cabrón, te extraño tanto).

El infeliz cabrón, feliz, bailador, guapo.

Volvimos de ese viaje llenas de anécdotas y emoción, pero mi madre nos recibió con cara seria. Se llevó aparte a papá y le susurró algo. Luego él volvió y con esa dulzura que siempre tuvo para explicarnos cosas, nos dijo que Víctor, el padre de nuestras vecinitas y mejores amigas había muerto. “Un accidente en carretera”, nos contó. Por primera vez sentí la muerte cerca y pensé abismada en Vicky, de la misma edad que yo, huérfana. Abracé a papá, egoísta, pensando que él jamás se iba a morir.

Ayer vino Mónica a visitarnos. Mi casa y la de mi esposa, Karenina, siempre está abierta para ella. Se acostó en la cama y me quedé en medio de las dos. Quién sabe de qué hablábamos que terminamos en mi historia del lince.

–No es cierto, ¿qué hacía ahí un zoológico?
–No sé, ni siquiera sé cómo dimos con él. A mí pareció siempre algo como que lo soñé.
–Tal vez sí lo soñaste.
–¡No, sí es cierto! Pregúntenle a Paloma, ella se acuerda. PREGÚNTENLE A MI PAPÁ, ÉL TAMBIÉN SE ACUERDA…

Me paré en seco y ellas también.

–Ah, no, no podemos preguntarle a él porque ya está muerto, jajajaja.

Cómo nos reímos. De verdad lo había olvidado.

Hoy amanecí extraña. Vi la fecha. Hace cuatro años se fue. Te fuiste. Todo sigue igual. Nada sigue igual.

Caracol Colunga

Written by

En rehabilitación para volver a escribir.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade