Destinadas

Mi abuela materna me decía siempre cada vez que yo venía con nuevo novio que ellas eran tontas, por ellas se refería a sus hermanas, su mamá, sus primas, las mujeres que conocía bah; y que ellas no sabían lo que era disfrutar, solo abrían las piernas y ya está “Lo importante era el placer del hombre”. Nacida en 1923 venía de una familia humilde con 14 hermanos, antes de que naciera ya había perdido 2 hermanas, una en un parto, otra de ellas en un asesinato “Salió en todos los diarios”. En toda familia siempre tiene que haber un crimen aunque sea lejano, decía. Se enamoró de un italiano, un colono, que conoció en los cultivos del tabaco, por el norte del país. Le llevaba la carretilla con la cosecha, le recitaba poemas, como no iba a morir de amor siendo mi abuela materna tan bella como una actriz famosa de época. Se escribían cartas, pero la familia decidió que mejor era casarse con ese otro muchacho que la ayudaba y que todos conocían. Se casó a los 16,era una nena, tuvo 10 hijos, no hizo más que dedicarse a eso.

El concepto de destino estaba muy instalado y no solo para ella. El destino decreta lo que te toca, los limites de tu libertad de elegir, de tu placer, de tu disfrute de la vida, de tus logros ,de tu autoestima. EL destino lo define el mandato social, se construye desde un entramado que escapa el ámbito privado de una sola familia y que excede los perfiles psicológicos.

Cuando cumplí 19 años estaba preparando mi primer viaje a Europa, con una amiga, dos chicas solas, una locura para la gente, una elección más que viable para nosotras. Fue un antes y un después. Recuerdo estar yendo a Ezeiza y cuando ya estoy despidiendo a todos, con mis hebillas sapito en el pelo, mi jogging y mi mochila, saludando al que fuera mi primer novio, (confieso que lloraba y a mi no se me caía una lágrima de la excitación del viaje, como sabiendo que no volvería jamás siendo la misma), ahí mismo me agarra mi otra abuela, la paterna. Se me acerca con una cruz y me dice que estaba feliz por mi, porque cuando ella era chica soñaba con ser hombre para subirse a los vagones de los trenes y viajar por todo el ´país, tocar la libertad con las manos y los pies. “Tipo polizón”.

Hoy este destino que estaba marcado y que limitada las vidas de estas mujeres, que nunca conocerían otra cosa, está siendo borrado y re escrito. En cada marcha, en cada acto de empoderamiento, por cada madre que visibiliza determinados estereotipos y decide criar dando igualdad a sus hijos varones y a sus hijas mujeres. En el medio aparecen oportunistas, iletrados, ignorantes Pero a la vez que se quiere borrar aparece también la contracara: la violencia. Muchos dicen que siempre se mataron mujeres, como si con ello dijeran “ahora se quieren hacer los que traen la novedad”. Es verdad, hoy se desnaturalizó, dejó de ser un hecho privado para ser un hecho social, en un entramado híper complejo donde se mezclan factores psicológicos, sociales, legales.

Lo que hoy quiero agregar es que hoy no solo se mata. Hoy se destroza, se quema, se borra. Se escala, se sube la apuesta. Como si en ese acto que pareciera íntimo se trata de callar ese grito de libertad.

No solo se mata, se destruye.

Con el caso de Lucía Perez se visibiliza un fenómeno que quienes trabajamos en la temática lo vivimos día a día: Hay un ensañamiento que pareciera traspasa la línea de la cultura, deshumanizante, que sale por fuera de lo simbólico que es lo que nos define como humanos, no hay representación para tanta crueldad.

Marcar, vejar, quemar, destruir hasta tus vísceras. Este es tu destino, no creas que vas a ser otra cosa. Destruir tus ganas de hacerte la putita sin consecuencias, de vivir tu juventud rozando la rebeldía, de querer ser otra cosa que una mujer destinada a ser algo para mí.

Siempre, destinada, a tener destino fijo, a no escribirlo con letra propia, a que otro escriba por mí. La trama es la misma. El concepto de destino sigue vigente latiendo.

Destinada a dar leche, a parir, a dar vida, a morir.

En memoria de Claudia Schaeffer

CY

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.